Entrevista diferente

16 junio 2016

Hace unos dias me hicieron una entrevista de radio especial. Es una radio pequeña, de caracter social, con poca cobertura… Pero justamente por todo eso decidí ir. Y de hecho fuimos, porque por el horario y las posibilidades tuve que llevar a José conmigo. Las cosas de la conciliación de la vida familiar y laboral de una madre soltera. Además era una oportunidad de que conociera cómo es una radio por dentro.

La maravilla de las tecnologías actuales es que esa entrevista, que no sé cuánta gente escuchó, ahora está en la red, y puedo incluirla aquí, por si queréis oirla, por si queréis pasar un rato. La incluyo porque fue especial por muchos motivos. Me preguntaron cosas que no me habían preguntado antes, y algunas de ellas muy personales. Por algo el programa se llama Inspiraciones. Os dejo en enlace a la entrevista aquí.

Así que gracias a quienes hicieron posible el programa, fue un lujo compartir esa hora, y espero que os guste. La voz tiene fuerza, es como tener un poco más y un poco más cerca a la persona. Y además esta entrevista tiene una sorpresa final ;-)

Pepa

El anciano de ojos marinos

30 mayo 2016
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Érase una vez…

un anciano de ojos marinos y caminar pausado, que vivía ya con parte del alma acunada por la luna. Cada noche se dejaba en ella, como si un cántico le invadiera. Pero había otra parte de su alma que andaba aún prendida a la tierra. Y aquel cántico se volvía vibración en sus pies desnudos cada amanecer.

Tan fuerte era el cántico que aquel anciano había dejado de hablar y se comunicaba con sus vecinos, breve y conciso pero lleno de universos de significado, como sólo el lenguaje sin palabras puede ser. Poseía dos lenguajes que los habitantes de aquel pueblo, sobre todo los que le habían visto crecer, atesoraban casi de forma enciclopédica.

Su primer lenguaje eran sus manos. Unas manos amplias y rugosas, llenas de cauces de viento, que a los niños y niñas del pueblo sobre todo les encantaba acariciar. Un regalo infinito contenido en el cuenco de aquellas manos.

El anciano había cultivado la tierra, serrado árboles, construído barcos con aquellas mismas manos. Las mismas que en un instante se tornaban sobre el rostro de quien estuviera a su lado, lo cubrían y lo delineaban. No eran caricias sino presencia. No era invasión sino certeza. Aquellas manos devolvían en cada roce memorias de vida añorada. Y las personas, los niños, los mayores, las mujeres, los hombres…reían, lloraban o temblaban al recuperarlas. Sin moverse un ápice, temerosos de perder lo que siempre fue suyo: su alma. Un alma que cuando el anciano apartaba sus manos y juntaba su frente con la del otro, a modo de cierre y despedida, ya se había llenado del mar que anidaba en sus ojos.

Era un regalo, un regalo de mar, luz y amor. Apenas un instante. Imprevisible. Nadie sabía cuando ocurriría ni a quien. Pero cuando ocurría todos observaban en silencio, conscientes del momento.

Pero el anciano tenía un segundo lenguaje, uno que había tardado años en aprender. Mucha gente se preguntaba cómo habría llegado a saberlo, ni de dónde ni por qué. Preguntas que el silencio del anciano dejaban siempre sin respuesta. Y es que el anciano tenía un jardín, un jardín en su casa frente al mar.  Un jardin lleno de flores. Flores de colores suaves, vibrantes o aterciopelados. Flores de formas sutiles o impactantes. Había flores que los de aquellas tierras nunca antes vieron y que no crecían en ningún otro lugar. Flores que sólo el anciano sabía cultivar y que los aldeanos temían que murieran con él, que aquel jardín se quedara en un espejismo cuando él se hubiera ido.

Nadie sabía cómo había llegado a florecer tanta hermosura. Del mismo modo que nunca pudieron saber cómo aquel anciano sabía sin saber, conocía sus más profundos miedos, anhelos y dolores sin que ellos se lo hubieran verbalizado nunca. Debía, por fuerza, conocerlos porque cuando eso les ocurría, cuando un miedo se les instalaba en su tripa antes siquiera de que pudieran nombrarlo, o aquella tristeza consumía su piel sin poder evitarlo, o incluso cuando de tanto esperar una respuesta, un gesto o una palabra llegaban a perder su propia voz…era entonces cuando de noche, sin saber cómo, una de las flores del jardín del anciano aparecía prendida en el alfeizar de sus ventanas, en sus puertas o en la valla de sus jardines.

Siempre una sola. Siempre sin notas, sin palabras. Siempre sin que el anciano hiciera mención alguna a ellas. Sin explicación.

Pero aquellas flores permanecían vivas a la par que sus pesares, y conforme sus pétalos se caían, también sus pesares, anhelos, miedos o tristezas volaban al aire. Y una mañana descubrían que la flor, su flor, siempre única, siempre diferente, había perdido sus pétalos al mismo tiempo que su alma, su piel o sus voces vibraban de nuevo.

Y era entonces, cuando su alma estaba ligera, que escuchaban el cántico de la tierra y del cielo, el mismo canto del anciano, y con sus manos, que por un momento se llenaban de mar, acariciaban su rostro y, poco a poco, el de quienes tuvieran junto a ellos.

Pepa

mallorca, 30 de mayo 2016

 

Encontrar mi lugar

15 abril 2016
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Conversación con mi hijo al salir del aeropuerto de Palma, llegando de vuelta de las vacaciones de semana santa:

- Mami, párate.

-Dime, cariño.

-Respira – y ambos inspiramos- lo hueles? lo sientes? Pues éste es mi olor, mi lugar. Ni Madrid, ni Zaragoza. Éste. Y de aquí no me muevo. Me encanta ir de viaje contigo pero quiero ir a un sitio cada vez y pocos días.

Éste es mi lugar. Él lo tiene incluso más claro que yo. Y sigo asombrándome de esa claridad. De la suya, de la mía. No hace ni un año que vivimos aquí pero hay algo de mi alma, y obviamente de la suya, que siente que ha llegado a casa.

No sé por qué. Y no me importa. Sólo disfruto cada despertar. Es extraño cómo siento que las raíces surgen de forma natural, como si algo de mí siempre hubiera pertenecido a este lugar. Y quizá sea así. Y es una vivencia muy física, muy de conexión con la tierra, la luz, el mar, el paisaje. Luego además está nuestra gente, relaciones que van adquiriendo profundidad, como una urdimbre de afectos que se va tejiendo hasta hacerse tangible. Como me pasó en Zaragoza, y me pasó en Madrid.

Me resulta difícil expresar este cambio interior. Cambio de raíces, de lugar en el mundo. Cambio en la forma de estar, y cambio silencioso. Del futuro al presente. De planificar a fluir. De puertas hacia fuera a puertas hacia dentro.  Con ganas de quietud, de silencio y de hogar. Simplemente mirar, vivir, y gozar.

Ya no tengo grandes proyectos, ya no quiero planificar. Tengo el privilegio de desarrollar varios proyectos laborales plenos de sentido, en los que veo los cambios a diario, cambios que significan vidas de niños y niñas que cambian y se abren y se iluminan y, por supuesto, corazones de los adultos que les acompañan que se apaciguan, y procesos que culminan después de mucho tiempo y energía. Culminan en muchos pequeños nuevos comienzos.

Tengo el regalo de ver a mi hijo crecer feliz. Y es una conquista a la que sólo en los últimos tiempos me permito darle el valor que tiene. Dar valor. He ahi una expresión que está adquiriendo valor de verdad en mí. Él está encontrando su lugar en el mundo, y es un lugar hermoso. El de fuera lo es, pero el de dentro de su alma, lo es más. Y ha decidido dar el siguiente paso en su búsqueda de raices, que empezaremos a la vuelta del verano. Y para mí ése es el mejor indicador de su bienestar. Ése y su caricia de cada mañana al dejarle en el cole.

Lo demás vendrá por añadidura. Y soy consciente de que queda aún mucho por llegar.

Y mi mar…mi piel que se expande…

Pepa

Llamar a la magia

23 marzo 2016
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San José esconde para mí un hilo de amor que merece honrarse cada año. El día de san José cuando yo era niña siempre lo celebraba con mi padre, era su día por ser padre y era el mío por mi santo y siempre hacíamos algo especial. Creo que era el día al año que yo sentía más nuestro. Y como niña, y como hija me parecía un regalo vivirlo con él.

Hasta que mi padre falleció, y fue a morir la noche de San José, madrugada del 20 de Marzo, hace ya 11 años. Y yo sentí que mi santo había dejado de ser una celebración para pasar a ser memoria de amor, que sigue siendo celebración pero no es lo mismo. Ni mucho menos. Y me resigné.

Hasta que un par de años después llegó mi hijo a mi vida. Y cuando me dijeron que se llamaba José sentí que aquello era un regalo de mi padre. He pasado de celebrar mi santo con mi padre a celebrarlo con mi hijo cada año. Los hilos del amor, que trascienden a la muerte, y permanecen. Son lo único que nunca se rompe. Así que cada año mi hijo y yo hacemos algo especial por nuestro santo, algo mágico. Y yo siento, y él lo sabe, que honramos al abuelo Luis al hacerlo.

Así que nos fuimos a Menorca, y nos fuimos a la playa a coger cangrejos y hacer agujeros en la arena con Martin y con Toni, unos amigos con los que el amor se hace palpable en cada pequeño detalle con el que nos reciben y nos cuidan. Y José jugó al ajedrez, y al balonmano y cenamos pizza y hicimos un montón de pequeñas cosas maravillosas por hacerlas juntos y con consciencia.

Y luego el mismo día de San José, entre llamada y llamada de gente amada, volvimos a casa. Y en casa nos esperaba la magia. Porque hay algo difícil de explicar sobre Mallorca y es que llama a la magia. Escritores, músicos, poetas lo han sentido. Pero no sólo ellos. En esta isla caben movimientos de pedagogía alternativa, comunidades hippies, gente con vidas diferentes y en búsqueda de una coherencia vital y de sus sueños. Sé que esa gente la hay en todos lados, pero sé también que hay lugares que llaman a la magia. Y Mallorca es uno de ellos.

Sólo un ejemplo. El peque está haciendo de “extraescolares” este año: instrumentos musicales (no tocarlos, sino construirlos con materiales que sacan del bosque, tallan, pegan y construyen según el caso, tenemos ya un diyadidu en casa maravilloso), talla de piedras (sí, talla de piedras, fascinante ver lo que crea y cómo lo trabaja), circo (al fin! lo que más le gusta con diferencia al peque) y escalada (en Valdemossa, un lugar mágico al que sólo llegar te hace abrir la boca de gozo, el peque decía con razón que él de allí no se iba). Casi lo mismo que tener inglés o informática. Pero las tiene porque aqui son posibles. Si en Madrid cerca de casa hubiera tenido esas actividades, las hubiera hecho. Busqué circo en Madrid y sólo encontré un grupo de circo para niños en toda la ciudad con lista de espera brutal. Busqué baile moderno para el peque, y en el barrio sólo había ballet. Busqué escalada y teniamos una hora de viaje para el rocódromo más cercano. Y por supuesto en el cole no tenían cabida y no porque no se propusieran sino porque las familias no apuntaban a los chicos a las actividades más novedosas que se proponían (ajedrez se acabó por falta de niños, biodanza no salió..). Y hablo de Madrid porque es lo que conozco, pero creo que por lo que veo en mi trabajo con las familias es una experiencia similar a la de otras ciudades y otros coles.

Yo lo digo siempre en los talleres. No educamos en lo que decimos, sino en lo que hacemos y lo que vivimos.  Y la vivencia en la que está creciendo el peque ahora es otro universo, en el amplio sentido de la palabra.

Así que la tarde de nuestro santo la pasamos metidos en un universo mágico. Tenía su primera exhibición de circo, donde hacen acrobacias con telas y aro y malabarismos. Me impresionó desde el principio el rigor con el que trabajan unido a la dulzura constante. Cómo cuidan la totalidad, es decir, no sólo es el ejercicio sino los colores, las formas, el modo de realizarlo…es el universo que crean para que te envuelva. Es como el circo del sol pero en principiantes ;-). Estuvimos tres horas y media de actuación con un par de descansos y allí no se movió nadie. Niños y niñas desde los tres años haciendo acrobacias, cada uno en su nivel y las familias con cara embobada mirando. Las actuaciones de los profesores increibles. Y compartir esa actuación con nuestra gente amada, ver a una peque de tres años integrarse en un grupo inmenso, embelesada por lo que vivía y atreviéndose a subir a las telas en el descanso. Porque eso es algo que cada vez veo más claro y que intento trabajar a diario, si permites a los niños y niñas regularse, moverse físicamente (qué batalla llevo, yo y muchos más antes que yo, en los procesos de supervisión en los centros educativos para que acepten incorporar el movimiento físico al día al día del centro para hacer posible un aprendizaje que cale, que quede en el niño), y lo haces con consciencia, acompañándolos, lejos de producirse el caos que mucha gente argumenta y teme, se produce como un baile, un fluir, un orden que funciona.

Y acabamos el día cenando en un restaurante mágico también. Una mujer, María, que compró una casa en el pueblo de Mancor de la Vall, donde está el circo y el cole del peque y lo convirtió en un pequeño universo de detalles culinarios y de cuidado al cliente. Más magia encontrar un restaurante así, allí, y compartirlo con más gente amada.

Mallorca llama a la magia. Y sólo espero conservar la capacidad de asombro intacta para gozarla, para vivirla con consciencia. Porque es un regalo. Y merece la pena convertirlo en opción de vida consciente: mirar la magia, cultivarla, elegirla.

Y también el amor crea la magia. Y me siento bendecida a uno y otro lado de la vida. Porque Mallorca para nosotros también está llena de amor. Mallorca y el resto de nuestras geografías. Porque escribo desde Zaragoza para seguir celebrando con nuestra familia ;-)

Pepa

El silencio de la placidez

12 febrero 2016
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Es cierto que la felicidad no se narra, se vive. Paladearla, deteniendo el tiempo con consciencia para atesorarla en la memoria.

Cada vez hablo menos, me pasa incluso en los cursos. Escribo poco, en los cafés con amigos permanezco más callada y me bastan los momentos. No es que antes no fuera así, pero la intensidad me llevaba a expresar, compartir, implicarme.. pero lo más importante, lo más valioso, que sigue siendo intenso, queda en el silencio.

Hoy hemos celebrado el carnaval del cole de José. El carnaval ha sido un paseo por el bosque (el paseo para los niños han sido más de tres horas caminando niños y niñas desde los tres años hasta los quince por una ruta de bosque). La fiesta del jardin que despierta, la habían llamado. Los niños y niñas eran animales, plantas, elfos, duendes..lo que quisieran ser. Y al acabar el camino les esperábamos las familias con una comida en el bosque. Ha lloviznado, el día estaba destemplado. Y sin embargo yo no podía dejar de emocionarme mirando alrededor. Niños de todas las edades por el bosque, saltando, jugando. Familias conversando con los profes alrededor de la comida traida de las casas.

En el cole de José van de excursión cada viernes a diferentes rincones de la isla. Los padres los llevamos y los recogemos. Su clase un día a la semana es el bosque, el descubrimiento, la maravilla, el esfuerzo de las caminatas y la convivencia. Pero además van cada día una hora al bosque, es su recreo. Pintan, tejen, siembran y cosechan, tallan piedras y construyen con madera, crean instrumentos musicales y aprenden las tablas de multiplicar con juegos de percusión.

Es como haber cambiado de universo. Pero es un universo real. Está aquí. No es una utopía. Es real. Y es el camino.

El peque está centrado, gozoso y sereno al mismo tiempo. Hoy me comentaba su profe que es el primero en acabar las tareas y yo me acordaba para dentro de todos los días del año pasado que se quedó castigado sin recreo en el cole anterior porque no había acabado lo que debía hacer en clase.  Ha hecho muchos amigos (siempre se le dio bien, pero en un entorno así es todo más fácil). Pero no sólo él, yo también, los que ya tenía que se han hecho mucho más profundos y los regalos inesperados y hermosos que han llegado a nuestra vida.

El nivel de consciencia que preside la convivencia en el cole se plasma en cada pequeño detalle: cómo se habla (nadie grita, ni niños ni adultos) o los cuentos que se usan para aprender a leer y escribir (fábulas antiguas, historias medievales u orientales). El aprendizaje fonético de idiomas, cada profe habla en su idioma, cada niño habla en el suyo: castellano, mallorquin, inglés y alemán conviven y se interiorizan de forma natural. El aprendizaje de la física, las matemáticas, la historia..son infinitos pequeños detalles que crean un universo.

Por eso callo. Porque me resulta dificil describir la felicidad. La felicidad de José en la isla, en el cole, con sus amigos. La mía al verle sonreir sin parar. Mi felicidad al bailar (estoy aprendiendo bailes de salón, y haciendo más biodanza) o en los cafés de la mañana en el pueblo del cole o viendo el amanecer cada mañana sobre el mar mientras desayuno con José. Recibiendo a la gente amada que viene a vernos o con el calor que recibimos de nuestra gente aqui, que nos cuida con mimo y consciencia, el sonido del mar, caminar por la arena caliente..

Es cierto lo que cuentan. El ritmo de la isla se me mete en la piel. El tiempo cunde mucho más, es como si se alargara. Y cada vez me apetece menos moverme, y correr aunque lo siga haciendo. Pero no quiero ir a ningún sitio, me apetece infinito que la gente venga a compartir esta maravilla, a llenarse de ella. Quiero sencillamente estar.

Porque del trabajo ya ni hablo. La agenda llena para un año. El reconocimiento de la gente y la responsabilidad que conlleva. Ser escuchada y consultada y que confíen en mí para procesos de cambio complicados y difíciles a nivel institucional y personal. Pero estar en mi lugar más que nunca, tener un trabajo con sentido, que aporta luz. Es algo que no tiene precio. Pero eso no me lo ha dado la isla, sino un camino que viene de muy atrás y que también elegí, y perseguí y en el que arriesgué.

Y también, claro que sí! están la humedad, la ropa que no se seca, los mocos que vienen y van por nuestro primer invierno humedo, los madrugones, los aviones, la agenda llena, la logística constante, las particularidades de ritmos y maneras de la isla, el poc a poc…

Aposté. Arriesgué. Busqué. Perseguí mis sueños. Y luego la vida hizo el resto. Y es hermoso.

Como escribi hace poco, ahora toca mirar para adelante, seguir creciendo y disfrutar. Toca quedarse en la placidez.

Pepa

 

“Instrumental” de James Rhodes

11 enero 2016
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Hay libros que son regalo para el alma, aunque a veces sean como puñetazos en la tripa, como un escalofrio de los que te hacen dificil tragar saliva e imposible pasar pagina sin haberlo sentido vivo, propio y tuyo.

Cruzo solo ocasionalmente lo personal y lo profesional, pero en el caso de “Instrumental” de James Rhodes, publicado por Blackie Books necesito y quiero hacerlo.

Os dejo el enlace a la entrada que he escrito en el blog de EspiralesCI sobre este libro, por si quereis leerla.

El libro lo merece.
Pepa

Deseos

31 diciembre 2015
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El último día del año. El día del balance, los deseos..qué extraña sensación la de las celebraciones que convierten en únicas y especiales cosas que en realidad son cotidianas. Pero qué importante es celebrar. En el fondo, celebrar es un rito de amor. Y un valor de comunión.

Este fin de año para mí está lleno de luz. Y de paz. He tenido fines de año gozosos, otros para olvidar. Y he tenido fines de año de angustia, y de ausencia. Supongo que como todos. Hoy me acordaba de los fines de año que pasé con mi padre en sus últimos años, de las cenas que montamos en la casa de mis padres con amigos, cuando él ya dormía, anciano, y mi gente se venía a casa para que yo (o yo y mis hermanos) no me quedara sola. Amor, el suyo, el mío, el de mis hermanos y el de mi gente. Me acordaba de las nocheviejas de adolescente, cuando salía con planes tópicos, haciéndome la fuerte y en el fondo anhelando ser elegida. De esas noches recuerdo sobre todo bailar, bailar mucho y largo. Recuerdo un par de fines de año enamorada, tiernamente enamorada. Pienso en lo que deseé en todas esas noches, y me emociono al darme cuenta de que se cumplieron casi todos esos deseos, por no decir todos. Y siempre de una forma inesperadamente más bella, más luminosa, más profunda de lo que pude imaginar al desearlos. Porque la vida, cuando golpea, lo hace más fuerte de lo que una pueda imaginar, hasta dejarte noqueada, pero cuando concede deseos..es luminosa.

Deseé salir de mi ciudad, estudiar lo que quería, viajar, viajar y viajar. Deseé ser madre. Deseé ser amada. Deseé los libros que escribí y mi profesión. Y hoy me encuentro ante la noche de los deseos y pienso: lo que venga, será por añadidura. Porque las cuentas ya salen, porque me siento bendecida, porque salimos del tunel y la vida después de un tunel tiene siempre formas más nítidas y diáfanas. Hubo otros tuneles antes, la pérdida de mis padres, mi hospital (aquella nochevieja de mis 29 años), los años de abrir la caja de pandora de mi propia historia.. pero ninguno como el tunel del dolor de un hijo. Pero ya pasó. Él irradia felicidad, alegría y placidez. Y yo lo miro, nos miro, y miro a nuestra gente amada que sigue rodeándonos esta noche y todas las noches. Y pienso de nuevo: lo que venga en adelante, será por añadidura. Y lo recibiré pequeña y emocionada, como quien recibe un regalo inesperado. No deseo sino más de lo que ya vivo: mirarle crecer, mirar nuestro mar, tiempos con nuestra gente amada y un trabajo pleno de sentido. No tengo anhelos, ni proyectos radicales, de esos que sientes que otorgan sentido a tu vida, ya no. Así que lo que llegue, lo recibiré conmovida, y agradecida.

Pero para quienes me leéis en estas páginas sí tengo un deseo: os deseo un año lleno de amor. Amor del bueno, del que merece deleite y sosiego. Amor de padres, de hijos, de parejas, de amigos…amor. Gracias por estar aqui, a mi lado, sois parte de la luz de un deseo que tuve un día y que se hizo real mucho más allá de lo que pude imaginar.
Pepa

Cuentos y regalos

28 noviembre 2015

Anoche fue la presentación de mis cuentos en uno de mis hogares, Zaragoza. Alli estaban, como siempre, como tantas veces, mi familia, mis amigos y gente que me sigue y confía en mí. Cuando presentas un libro siempre es especial, pero hacerlo con tu gente lo vuelve conmovedor.

Pero es que además ayer me acompañaban en la mesa David Lozano y Pepe Trivez, dos personas a quienes me vincula un hilo de amor, invisible pero real, construido desde gentes a las que los tres queremos, algunas estaban en la sala, otras estaban en la distancia. Ellos dieron al acto un caracter único. Y Pepe escribió un texto que creo que es de lo más hermoso que nadie ha escrito sobre mis cuentos, y lo publicó en su blog y me dio permiso para difundirlo. Así que aquí está el enlace a su texto y a su blog de literatura infantil y juvenil, al que seguro os vais a enganchar. Leedlo y veréis.

Eso y contaros que dentro de quince días es la tercera presentación de los cuentos, y última por el momento, en mi tercera ciudad amada. Nuestra isla rosa, en Palma de Mallorca.

Presentación de “El lenguaje de los árboles” y “El mago de los pensamientos” en Palma de Mallorca
Participan:
Guillem Cladera, director de la Fundación Nazaret
Gemma Izquierdo, responsable de comunicación de la Fundación RANA
Pepa Horno, autora de los cuentos.

Fecha: 15 de diciembre
Hora: 20h.
Lugar: Librería la Biblioteca de Babel
Carrer Arabi 3
Palma de Mallorca

Os incluyo los datos por si queréis acercaros y compartir otro momento único. Me acompañarán personas a las que quiero también, pero sobre todo que representan a dos fundaciones que son de lo mejor que he conocido profesionalmente, a las que me siento orgullosa de apoyar y trabajar de la mano. La Fundación Nazaret que trabaja con niños, niñas y adolescentes en proteción y la Fundación RANA que trabaja para la prevención del abuso sexual infantil y el apoyo a sus victimas. Mi historia con ambas entidades es larga y hermosa, y son sin duda dos de los motivos que me han llevado a vivir a Palma de Mallorca y dos de mis motivos de orgullo como profesional. Si alguien quiere encontrar dos labores a las que apoyar, elegidlas.

presentacion cuentos palma mallorca

Y un último regalo. Os dejo el enlace a una entrevista que me hicieron en la radio el otro día sobre los cuentos. La realizó Julia de Miguel, una psicóloga a la que merece la pena seguir, en un programa que merece escucharse, llamado Vitaminas para el Alma. Y la introducción que me puso un nudo en la garganta la hizo Belén Zarza, coach y periodista, y amiga del alma.

Espero veros en la Librería Babel a los que viváis junto al mar, y al resto que disfrutéis como yo hice el texto de Pepe y la entrevista.
Pepa

Ocho años

19 noviembre 2015
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Hoy es nuestro octavo cumpleaños de familia. Hace ocho años que conocí a mi hijo. Qué pocas veces tenemos en la vida la certeza de estar viviendo momentos trascendentes, momentos de esos que sabes que cuando seas ancianita le contarás a tus nietos. Muchos de esos momentos ocurren sin que sepas que lo son, sólo a posteriori llegas a comprender que justo en ese instante pasó algo mágico, algo que te trasformó. Pero hay momentos en que lo sabes con todo tu ser.

Recuerdo aquella puerta que se abrió, aquel niño que jugaba con juguetes y me miró desde el suelo y me sonrió y me tendió un juguete. Recuerdo aquella mujer que dijo “éste es José, éste es tu hijo”. Recuerdo aquella sensación de vértigo y gozo, todo en uno, en la tripa. Recuerdo como el mundo a nuestro alrededor se detuvo para sentarme a jugar con el, pendiente de cada detalle, de cada gesto suyo, de su sonrisa o de su mirada.

Y me doy cuenta de que no he dejado de hacerlo. Sigo mirándolo, sigo ajustando mi vida, mis tiempos, mis opciones a las suyas. Sigo parando el mundo, aunque con el tiempo y la rutina a menudo me toca empujarle a él o a los dos, para alcanzar el ritmo del mundo. Pero aquella magia sigue presente. Sólo que más. Y mejor.

En estos ocho años como familia hemos pasado muchas cosas. Más de las que se explicar. Aquel primer año intentando ser perfecta, los siguientes de remanso de paz, estos dos últimos de afrontar monstruos…hemos tenido de todo. Y ahora le miro, nos miro y no puedo parar de sonreír.

La semana que viene cumplirá nueve años. Y lo hace en una casa nueva, un cole nuevo, un lugar nuevo..en el que parece que llevemos ya media vida, pero nuevo. Lo celebra rodeado de amiguitos nuevos y de presencias amorosas a éste y el otro lado del mar, y sin ese desasosiego dentro que a ratos no le dejaba crecer. Todo es diferente, salvo una cosa: la magia entre nosotros. Ésa no ha cambiado, sólo se ha hecho más profunda, más radical, como las raíces de un árbol.

Hoy antes de dormir me ha dicho una de las cosas más hermosas que me han dicho jamás. Cuando yo le decía el regalo que ha supuesto en mi vida, lo feliz que he sido y sigo siendo estos ocho años siendo su madre, va y dice: “para mí también eres lo mejor que me ha pasado en la vida, eres una mamá genial y me has enseñado lo que hay dentro de mi”. Le he dicho “espero que sepas que una maravilla” y el “sí, lo sé, tú me la has mostrado”.

Pues eso, magia. La magia no es un lugar bucólico. Nuestra magia ha sobrevivido al miedo, a la angustia de los monstruos, a la injusticia del maltrato, a su miedo al abandono, a mi miedo a fracasar…a muchas cosas. Pero los hilos del amor hacen magia. Y después de mirar de cara a los monstruos suyos y míos, míos y suyos mas bien, venirnos al borde del mar y al cole en el bosque, todavía más aun.

Así que ahora mismo sólo me queda sonreír, sentirme bendecida y atesorar este momento. Como aquel primer día, con plena consciencia del camino recorrido para llegar hasta aquí.

Pepa

Presentación de los cuentos en Zaragoza el viernes 27 de noviembre a las 19h.

11 noviembre 2015

Hace muchos años, cuando presenté mi primer libro en Zaragoza, mi amigo Carlos habló de la “geografía de mis afectos”. Pocas veces he escuchado una expresión más certera, porque publicación a publicación, siempre vuelvo a mis tres lugares: Madrid, Zaragoza y Palma. Los lugares que explican quien soy, los lugares donde he vivido o vivo. Hay otros lugares, por supuesto, que guardan memorias y retazos de mí, pero estos tres me definen.

Así que aquí me tenéis, recibiendo un nuevo regalo, un nuevo encuentro, un regreso a uno de mis hogares. La presentación de “El lenguaje de los árboles” y “El mago de los pensamientos” en Zaragoza el viernes 27 de noviembre a las 19h en la Fnac de Plaza España.

presentacion cuentos en zaragoza

Y lo considero un regalo porque de nuevo me acompañan en el acto dos personas que harán el encuentro mejor, más profundo y más luminoso. Ellos y yo nos seguimos, nos reconocemos y nos sonreimos de espacio en espacio, de encuentro en encuentro. Compartimos un origen, el cole de Marianistas de Zaragoza, y muchos afectos en común, algunos que estarán presentes, otros que nos seguirán desde lejos. Pero los hilos del cariño son así, crean nuevas geografías que no conocen distancias o fronteras ;-)

Pero no sólo nos une lo personal. Nos une la literatura. David Lozano se ha convertido en uno de los escritores de referencia en literatura juvenil y Pepe Trivez tiene una de las mejores bibliotecas colegiales que he conocido y un blog de literatura infantil de los que merece la pena seguir.

Así que ahi os esperamos. Para disfrutar y para conversar. Para mí es un regalo, y un privilegio.

Pepa