homenaje a Benedetti
Benedetti ha muerto. Hay pérdidas y pérdidas, y ésta es de las que deja un vacío y duele.
Va el homenaje compartido con mi hermana, a la memoria de un hombre increíble, una de mis preciadas anclas a la dignidad.
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del caos y de las pesadillas
de la ajada miseria y de los miserables
de las ausencias breves y las definitivas
Defender la alegría como un atributo
defenderla del pasmo y de las anestesias de los pocos neutrales y los muchos neutrones de los graves diagnósticos y de las escopetas
Defender la alegría como un estandarte
defenderla del rayo y la melancolía
de los males endémicos y de los académicos del rufián caballero y del oportunista
Defender la alegría como una certidumbre defenderla a pesar de dios y de la muerte de los parcos suicidas y de los homicidas y del dolor de estar absurdamente alegres
Defender la alegría como algo inevitable defenderla del mar y de las lágrimas tibias de las buenas costumbres y de los apellidos del azar y también
también de la alegría.
«Defensa de la Alegría», Mario Benedetti
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces no te quedes conmigo.
“No te salves”, Mario Benedetti
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