El dolor de mi hijo

29 agosto 2013
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Hay dos miedos para los que nadie te prepara cuando vas a ser madre o padre: el miedo a ver sufrir a tu hijo y el miedo a hacerle daño. Casi nadie te dice que desde el momento que llega a tu vida, el amor va a ir para siempre unido al temblor.

Son dos miedos tan viscerales, tan de piel, tan angustiosos que no puedes siquiera atisbarlos. No los conoces, no sabes lo que pesan, lo que miden, no conoces su inmensidad. Esa inmensidad que cuando llega te puede dejar muda, ciega, fuera del mundo e incapaz de volver a él, con la piel arañada y sangrante.

Sobre todo cuando se hacen reales, cuando un día te levantas y tus pesadillas se han convertido en tu vida. Están ahí, en sus ojos. Y esos ojos te miran pidiéndote que lo salves.

Y entonces descubres la mentira de los cuentos de niña: los príncipes, las princesas, los dragones, los castillos…En este mundo de aquí fuera las fieras muerden, arrancan de cuajo partes de ti. Y la angustia se vuelve inconmensurable. No hay pócimas, no hay poderes, no puedes salvarle, ves cómo se va ante ti, cómo le arrancan la inocencia, cómo le dejan a la intemperie. Le ves pelear, reclamarte, llamarte a gritos diciendo “sálvame”, retorcerse en su propio dolor que ni siquiera sabe nombrar.

Pero no puedes, porque de eso ya no puedes salvarle. Ya está hecho. No lo viste. Sucedió. No pudiste preveerlo. Tan sólo sucedió. Y ahora toca vivir con ello, y lo que es peor, enseñarle a vivir con ello.

Y aún tienes suerte. Porque vive. Está vivo, y con ello todas las posibilidades se abren ante vosotros. Otros no tienen siquiera esa suerte. Y ahí la pesadilla asesina directamente (leed “La hora violeta” de Sergio del Molino)

Y te preguntas una y otra vez cómo vas a enseñarle a confiar, cómo no trasmitirle este temblor, este frío que se te ha quedado dentro, esta pena que pasados unos días ya no lloras, pero sigue viva y lacerante dentro de ti.

Y ves una vez más cómo las vidas se enlazan, cómo las espirales familiares se encadenan, cómo ese monstruo se vuelve gigantesco cuando toca a tu hijo. Porque ya no es tu dolor. Es el suyo. Y para ése no hay pocima mágica. No hay palabras, ni gritos, tan sólo ese frio…

Y sabes mejor que nunca por qué eres su madre. Por qué justamente tú. Y por qué él es tu hijo. Justamente él. Y le acaricias mientras duerme. Y te quedas despierta, mirando a la cara al monstruo. Y sabes que sólo tienes un arma: tu amor. Y escuchas al monstruo susurrarte: “no siempre vencerás”.

Pepa

17 comentarios a “El dolor de mi hijo”

  1. Hay una cosa en la que no estoy de acuerdo. El amor SIEMPRE vence. Vencer no es llegar incólume a la meta, es llegar feliz y vivo. Y ahí es donde el AMOR vence. Y José llegará feliz, y vivo, gracias a todo el AMOR que él irradia y que él recibe.

  2. Estoy de acuerdo TiAnna, el amor siempre vence, por mucho que no lo crea el monstruo e intente lo contrario. Querida Pepa, una prueba más en el camino, que hará mucho más fuerte y seguro el caminar de tu ángel andante. Que suerte tiene de tenerte.

  3. Qué le pasó al lindo José? Estoy segura de que lo superareis, o que al menos lo enfrentareis juntos. Ese miedo es a la vez protector y eso seguro lo reconforta. Muchos besos

  4. Ánimo Pepa. Yo siempre digo que uno/a no se baja del ring ni se quita los guantes mientras no haya sangre o un KO definitivo. El amor vence y convence ; ))) y ese niño tuyo tiene la mejor madre para salir reforzado de todas las situaciones posibles. Un abrazo enorme.

  5. Querido Josė,yo siento que el amor de tu mami no lucha por ganar o perder,simplemente ,está presente hasta en el aire que respiras. Crecer es soltar y afrontar cosas, y ese acompañamiento transcurre con el amor de tu mami.
    Te quiero

  6. No puedo decir otra cosa que: gracias. Estoy conmovida hasta lo más hondo por los mails, llamadas y mensajes que he recibido en menos de 24h.
    No tengo palabras.
    Gracias,
    Pepa

  7. Muchos ánimos! Lo siento pero no se me ocurre nada más después de este escrito tan emotivo que me ha dejado sin palabras, solo puedo decir que muchos ánimos y que sientas la energía positiva que te rodea para poder mitigar el dolor y al monstruo. Un superabrazo para los dos

  8. Pepa!
    Tienes esa suerte de que tu pequeño José este contigo;
    Lo demás no importa! Tienes amor, fe, esperanza y VIDA!

    Y ese miedo que describes al sentir el dolor de un hijo es real y te quedas corta al describirlo; la impotencia de no poder salvarlo es tan fuerte, yo estoy en las mamás que no corrieron con la suerte de seguir teniendo a un hijo; mi ángel se fue!
    Tus palabras me han hecho llorar, sigue adelante, eres fuerte!
    Bendiciones para ustedes! Y un abrazo!

  9. Gracias Pepa, gracias José, gracias a todos los que hemos sobrevivido los abusos sexuales en nuestra infancia, gracias, también a todos los que nos han ayudado a descargar nuestras pesada mochilas, gracias a personas como tú Pepa.
    El Amor vencerá porque así lo queremos mucha mucha gente. Los monstruos se desvanecerán ante tanto Amor. ¡Viva el Amor! ¡Viva José, Pepa y todas las personas Amorosas!

  10. Qué decir, Ange y Mariana! Vuestros comentarios me han llegado al alma.
    Mariana, gracias. Gracias por comprender la impotencia de la que hablaba, aunque se queda tan pequeña al lado del dolor que tu has enfrentado! Gracias por querer mi dolor.
    Y a ti, Ange, qué decir salvo que espero estar siendo capaz en mi vida de estar haciendo lo que dices: aliviar mochilas.
    Y Isabel, la energía me llega y me alimenta, tenlo por seguro.
    Gracias,
    Pepa

  11. Hola Pepa, te leo desde hace tiempo, aunque creo que nunca te he comentado.
    No sé qué te/os habrá sucedido, pero te acompaño de corazón.
    Un abrazo de amor y fuerza
    Ika

  12. Y tú miras de frente al Monstruo y le susurras: “no, quizá yo no gane siempre pero el Amor sí lo hará”. Porque llevas mucho tiempo mirando al Monstruo defrente. Eres sensata al temer al Monstruo y eres valiente al mirarle defrente

  13. creo que todo el dolor que existe es debido a que la humanidad somos huérfanos voluentarios

  14. Hola Pepa.Hola José…
    No te leía desde las vacaciones y me he quedado impactada con tu última entrada.
    Por supuesto mucho ánimo y para los que, como tú, trabajamos con niños y tratando de mitigar el dolor también existe el miedo y el desánimo a veces…
    Seguro que ya lo habeís superado, sino te dejo la puerta abierta por si podemos ayudarte.
    Un fuerte abrazo.

  15. Hola Pepa: Siento no haberme enterado antes y te pido disculpas; pero me alegra haber podido compartir contigo lo que tu y yo sabemos que compartimos. Además de lo comentado, yo quiero añadir dos cosas: una, que José tiene la gran suerte de tenerte como madre a ti, que puedes y podrás darle, que le das y le darás, los dos componentes más importantes para que ya resilie: vínculo y sentido. Y lo segundo, cuando José se empodere (de hecho creo que ya lo ha hecho) el monstruo es vencido. Te envío un abrazo muy fuerte de nuevo, y me alegro de haberte podido dar uno hace poco. Con cariño, José Luis

  16. Gracias, Jose Luis. Fue una cena estupenda y yo también me alegro de haber compartido. Confío de verdad en que tengas razón, algo dentro de mí dice que es así.
    Un abrazo grande,
    Pepa

  17. […] y pequeña, he sentido una pena dentro que no sé explicar, pero que, cuando pude, relaté en esta entrada de este blog. He recibido cientos de mails, llamadas y mensajes en contestación a aquella entrada. […]

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