Amar y salvar

9 febrero 2024

El amor no salva, pero sin amor no te salvas.

Esta frase resume uno de los aprendizajes más importantes que he logrado en la vida, tanto personal como profesional.

Salvar a quien sufre. Cuidar, consolar, sostener, acariciar, abrazar.

Sufrir en silencio. Quedarse quieta y callada. Esperar no sé muy bien qué o quién. Pero que te salve.

Pero no funciona así. Se trata de tener una red de personas que te quieren y te cuidan, que te enseñan que las relaciones sanas son recíprocas, que a veces consuelas y a veces eres consolada, y sobre todo que solo si hablas, ellos pueden saber que sufres. Personas que están ahí, cerquita, flotando junto a ti. Que te miran sonriendo. Sobre todo te miran. Como dicen en Avatar, «te ven». Te ven porque te miran. Les ves porque les miras. Y entonces intuyes y sientes en la tripa cuando algo no va bien, y acaricias su cara o ellos te hacen reír. Y pueden verte llorar en silencio. Puedes dejar ir la memoria corporal del dolor. Sólo llorarla.

Porque no es su amor el que te sana, eres tú cuando nombras y lloras y dejas ir. Eres tú quien haces el camino. Pero lo haces desde su mirada. Si no hay esa mirada, si no hay ese amor, no te salvas. Pero eres tú quien se cuida, quien nombra, quien llora, quien deja ir.

Y en lo profesional es igual o más. No soy yo como profesional en psicoterapia quien sana a la persona. Es la persona quien hace su camino. Yo le ofrezco un entorno seguro y un vínculo psicoterapéutico para hacer ese camino. Le ofrezco una mirada compasiva, incondicional, sostenedora y mentalizadora. Pero es su camino. Su opción. Como les digo muchas veces a las personas, hay que «elegir las batallas». Elegirán sus batallas. Y las afrontarán. Y yo iré un paso por detrás. No serán las que yo querría, quizá, ni las que sé necesarias ni en el momento que yo querría. Serán las que puedan sostener. Y afrontar. Cuando puedan nombrar. Cuando puedan llorar.

Pero hay algo más como profesional. Y es que mi mirada es una mirada desde el vínculo. Pero la persona necesita una red. Una red de al menos tres. Y ninguna de esas tres personas debo ser yo. Porque yo debo irme. Mi vínculo es temporal. Yo debo salir de la ecuación, igual que mi voz debe dejar de sonar en la cabeza de las personas para que escuchen la suya propia, o como mucho un diálogo interior conmigo en el que, a ser posible, me lleven la contraria ;-).

Las personas no pueden (no podemos) hacer nuestro camino solas. Necesitamos ser miradas. Nos creamos desde la mirada de un otro. Nos sostenemos en esa mirada. Por eso la herida más profunda es el abandono. Siempre. Porque niega la existencia. Le quita valor.

Y hemos de honrar a las personas, cobijarlas, mirarlas con el asombro y admiración que merecen. Con esa mirada de la rueda de miradas en biodanza. Con esa mirada que devuelve la dignidad que en realidad nunca se perdió pero se siente como si se hubiera deshecho.

El camino hacia la salud mental está hecho de tres elementos: el amor, la terapia y el proceso personal. El amor no lo brindo yo, mi responsabilidad es sólo sobre el proceso psicoterapéutico. Y ese proceso es sólo el comienzo de un camino que hace la persona. Comenzar la terapia pensando en su fin, en cuando la persona se vaya.

Igual que en la crianza. Criar para que se vayan, para que vuelen, no para que se queden a nuestro lado cuidándonos. Pero éste es otro argumento 😉

El amor no sana, pero sin amor no te sanas.

Pepa

 

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