Perfil humano

Para mi perfil humano elegí un texto que un profe y amigo mío escribió sobre mí hace ya algunos años para la presentación de mi primer libro “Educando el afecto” en Zaragoza. Un texto que me describe con justicia y ternura, una combinación de lo más necesaria para poderse mirar. En ese perfil falta mi hijo, lo mejor que me ha pasado en mi vida, pero ésta es mi web, no la suya, y he elegido conscientemente esperar a que sea mayor para que decida si quiere formar parte de ella.

El texto de mi amigo Carlos dice así:

A Pepa que nunca le gustó la Geografía cuando estaba en el colegio, y ahora resulta que, al igual que Kavafis en su Poema Ítaca, nos escribe geografía, geografía de los afectos.

En sus diarios nos dibuja un mapa del mundo en el que los puntos de partida y de llegada son los sentidos y los sentimientos agrupados en un lenguaje poético de olores, sabores, tiempos, colores y corazones, como el de su padre, su madre, Aurora, sus hermanos, su sobrina, y sus muchos amigos, los que ya tiene y los que va haciendo en el camino.

En esta Odisea llena de peripecias y experiencias, Pepa no ha tenido miedo ni a los lestrígones ni a los cíclopes, ni a la cólera del airado Poseidón, porque su pensamiento es elevado y una exquisita emoción penetra en su alma y en su cuerpo.

Pepa es valiente. Ha hecho grandes apuestas en su vida y nunca se ha arrepentido de ellas. No en vano su padre le decía una y otra vez que había que vivir valientemente.

Pepa es optimista, con capacidad para convertir en alegría hasta la más dura de las situaciones. Y es que ahora viaja “sin miedo al teléfono y con paz, sin hospitales o turnos, con la vida llena de proyectos, silencios, presencias y ausencias”.

Pepa arriba con gozo, alegremente, a puertos que antes ignoraba, se detiene en los mercados de Fenicia y compra bellas mercancías; acude a muchas ciudades del Egipto para aprender y aprender de los que saben. Ella nos cuenta: “de momento me siento extraña, emocionada, privilegiada, anonadada y llena. Demasiado y demasiado hondo, personas, lugares y cosas directas a mi relato”. Y añade, “los paseos han dado de sí para conversar, que esa es una las virtudes de los lugares que detienen el tiempo, permiten el encuentro, la conversación, los silencios e incluso la melancolía”. Pepa siempre disfruta “conversando con sus amigos, riendo con ellos y mirando juntos”. A Pepa le encanta “caminar, caminar y caminar, sentir y saber mirar” los nuevos mundos que aparecen ante sus ojos.

Pepa es generosa. Pone el alma en todo lo que hace, “porque cuando viajas con el alma -nos cuenta- vas dejando trozos de ella pegados en los rincones, junto al Mekong, en una fortaleza de Macao, en un barco en la bahía de Hong Kong, en un tren, en el fondo del mar o en el olor de la selva, y junto a gentes nuevas que aparecen inundando de paz una vivencia”.

Pepa da mucho porque recibió mucho. “Sin el amor de mi madre yo no sería quien soy, ni estaría aquí hoy, ésta es una de mis certezas” nos dice desde Bolivia. “Porque “estar ahí”, en eso, decía mi madre, consiste amar y existir”.

Pepa es independiente, pero no solitaria. Cuando viaja en soledad como ella lo hace a menudo, “encontrar gente que te abre su casa y conversan contigo por un rato con el alma abierta y con generosidad, el significado de los lugares cambia por completo y se convierte en un privilegio”.

Y Pepa es también introvertida. “Las decisiones tomadas permanecen, el contenido de la soledad también, la fortaleza apenas intuida, las ausencias siguen apareciendo en sueños pero empiezan a ser melancólicas, y las presencias se llenan de significado, de hondo y conmovedor significado. Como digo en una de las frases del crisma que aun no habéis leído este año: saber mirar, saber reir, saber leer los silencios”.

Pepa, un Amigo mayor te dice que no hagas con prisa el camino que te resta; mejor será que dure muchos años y que llegues ya vieja a la pequeña isla. Con afecto te lo deseo y para terminar tomo prestados otros versos, – ya ves, hoy va de poemas y versos- para que en lo que te resta de Odisea…

El maquillaje no apague tu risa
Que el equipaje no lastre tus alas
Que el fin del mundo te pille bailando
Que el escenario te tiña las canas
Que no te compren por menos de nada
Que no te vendan amor sin espinas
Que no te duerman con cuentos de hadas
Que no te cierren el bar de la esquina