Mirar hacia dentro

1 mayo 2020
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Las paredes físicas pueden convertirse también en paredes del alma. Y el alma, como nuestra casa, puede ser hogar y refugio o puede ser prisión. Estas dos últimas semanas han sido las más duras del confinamiento para mí, para mi entorno y para mucha gente con la que trabajo. Creo que por muchos motivos. Porque ya pesa, el tiempo se hace más largo, porque el final se ve más cerca, porque el “después” aparece como posible y da miedo… pero sobre todo porque la emergencia externa ha rebajado exigencia para hacer hueco al espacio íntimo. Y ahí hay todo un universo que a veces es hermoso. Otras, no tanto.

Me impresiona ver hasta qué punto somos capaces de vivir mirando hacia fuera, empeñados en controlar el entorno, los acontecimientos, la información y los entornos donde vivimos. Tanto esfuerzo puesto en convertir nuestra vida en predecible porque como seres asustados, eso nos da seguridad. Sin embargo, para mí se renueva un convencimiento íntimo y es que la seguridad no viene de ese control sino de la entrega. No viene de controlar lo que va a suceder sino de la confianza en estar dispuestos a vivirlo, sea lo que sea lo que llegue. Pero confiar pasa por aceptar nuestra fragilidad y nuestra intemperie. ¡Y esa pequeñez y vulnerabilidad nos da tanto miedo!

Cuando miramos hacia dentro, a veces temblamos. Lo diré en primera persona: cuando miro para dentro, a veces tiemblo. Porque somos una ínfima partícula del universo, una pequeña pero hermosa expresión de vida. Somos frágiles, y nos podemos romper con suma facilidad. Eso es lo que somos. Eso es lo que soy. La vida es frágil, en un minuto puedes romper lo que ha costado años construir: una vida, una relación, una certeza, una cultura, unos derechos…

Por eso, a continuación surge la responsabilidad de vivirla, de cuidar esa vida, mi vida, nuestras vidas. Me surge la ternura, el mimo, el cuidado en su máxima expresión. Me surgen las caricias y los abrazos, pero también la justicia social y los derechos humanos. Todos ellos para mí forman parte de lo mismo: la responsabilidad del cuidado de la vida, empezando por la mía.

Pero el temblor, cuando surge, viene de mirar de forma invidual. Porque si al mirar hacia dentro doy un paso más, me doy cuenta de que formo parte de algo mucho más grande, algo mucho más fuerte. La VIDA con mayúsculas es más fuerte y más sabia que yo. Y sobrevivirá mucho más allá de mí, que no soy más que ese granito en la arena de la playa. Soy única, soy valiosa. Pero la vida es mucho más que yo.

De dónde surge la playa? De la suma de granos de arena. Somos una inmensa red de almas frágiles que se hacen fuertes si las ves en su totalidad. Para mí el amor, esas redes de amor de las que me paso la vida hablando y que cultivo con tanta consciencia (y a veces cansancio) como soy capaz, son la base de mi seguridad y mi fortaleza. La trascendencia forma parte de la resiliencia. El amor es un acto de fe y de confianza en el otro. Y ese confiar en el otro me lleva a percibir la totalidad de la playa. Es ahí donde está la fuerza.

Después de casi siete semanas de encierro, hay algunas cosas sin las que sé que no puedo ni quiero vivir. Algunas las sabía, otras las imaginaba pero no en su verdadera magnitud, otras ni las sabía. No son muchas, pero son existenciales:

La primera son los abrazos, las caricias, la piel. No quiero ni puedo vivir sin tocar y ser tocada. Hablo de abrazar en general, pero también en particular, por mi gente amada.

La segunda el sol, el aire y el agua. No quiero ni puedo vivir una vida sin aire y sin sol. Y sin el agua en todas sus formas, especialmente la mar.

La tercera, que aunque parezca obvia, ha adquirido otro significado estos días, no quiero vivir sin mi hijo.

La cuarta, en la que me reafirmo, no quiero vivir sin moverme, incluido viajar. Y sin respirar.

La quinta, no quiero vivir sin árboles.

La sexta, no quiero vivir sin conversar. Me costaría mucho, mucho vivir sin leer, pero no quiero una vida sin buena conversación de almas.

Y una séptima, el número infinito 7, no quiero vivir sin mi memoria.

(Observese que las primeras son “ni quiero ni puedo” las siguientes son tan sólo “no quiero”)

Estos días he cumplido 47 años con una celebración de amor tan especial como inolvidable. Lograron inundarme de amor y me llenaron la casa del olor de mi red de amor. No tengo palabras para agradecerlo. Y ha formado parte de este “mirar adentro”.

Igual que las conversaciones con mi hijo. Ayer, por un trabajo y por ese mirar hacia dentro en el que andamos metidos, mi hijo me preguntaba qué cambiaría de mi vida. Y me sorprendió decirle que muy pocas cosas. El ejercicio físico, mi cuenta pendiente. Y mi manejo de la rabia, muy, muy mejorable ;-) pero en lo demás… es el camino que he hecho, la cantidad de cosas que he cambiado hasta llegar aquí, incluyendo el lugar donde vivir, trabajos, relaciones, hábitos y cosas de mi forma de ser. El tiempo y el esfuerzo que me costó.. no fue fácil pero logré cosas como poder llorar delante de otros, poder enfadarme más y más flojito, poder pedir ayuda, no agotarme hasta enfermar, no cuidar para que me quieran, legitimar mi derecho a muchos y buenos placeres, cocinar hasta una tarta ;-), nombrar cosas innombradas y algunas cosas más.. el camino ha sido largo y en este “mirar adentro” encuentro paz.

Me quedo con esa paz. Con esa certeza de la fortaleza de la playa y mi fragilidad como grano de arena. Y reitero mi acto de fe: confiar.

Abrazo inmenso,

Pepa

 

 

16 comentarios a “Mirar hacia dentro”

  1. Como en otras ocasiones ha sido un placer viajar en tus palabras…
    Muchas felicidades… y hasta pronto
    Un afectuoso abrazo
    Cristina

  2. No cuidar para que me quieran…me ha resonado tan dentro…

  3. Me ha gustado mucho leerte!!

  4. Tus palabras y tu forma de pensar te hace ver la vida de otra forma. Es cierto que en esta vida somos muy débiles y que todo lo que logramos con mucho esfuerzo se puede perder en un momento. Lo mejor está en nuestro interior y hay que saber que nos hace falta para ser felices sin depender de las cosas materiales.

  5. Al leer este artículo me he percatado de que en realidad el ser humano pasa más tiempo fijándose e intentando cambiar el entorno y lo que nos rodea, en vez de mirar dentro de sí mismo para mejorar como persona y sentirse mejor consigo mismo. Gracias a este confinamiento, estamos empezando a valorar cosas que antes no les dábamos importancia y que para nosotros eran insignificantes.

  6. Al leer el artículo he podido ver que debemos valorar más las cosas que antes no les dábamos tanta importancia y que lo mejor está en el interior, es decir que debemos recapacitar y mejorar aspectos de nuestra personalidad y no depender de las cosas materiales.

  7. Con este artículo, es cierto cuando dices que a veces no valoramos las cosas que nos parece insignificantes , que cuando de verdad nos ponemos a reflexionar y pensar lo que en verdad vale.
    También me ha parecido interesante cuando hablas sobre que siempre pasamos el tiempo pensando en cambiar lo que tenemos a nuestro alrededor y que a nosotros mismos.
    Y , gracias a este confinamiento y quedarnos en casa podemos reflexionar de mejor manera , vemos la vida de otra manera , y poder valorar las pequeñas cosas que ahora son tan valiosas para nosotros.

  8. Leyendo este artículo me doy cuenta que dada la situación que estamos viviendo muchas personas nos estamos planteando aspectos a los que antes no le dabamos importancia.
    Qué pena que tenga que suceder algo así para valorarlos.

  9. Este artículo es verdad que nos da entender muchas cosas de las que hemos vivido y de las que nos gustaría vivir. También nos damos cuenta que al estar encerrados en casa reflexionamos de muchas cosas y que siempre hay que valorar lo que tenemos y a nosotros mismos.

  10. Siempre aprendiendo de ti, cuando te leo, cuando te escucho, cuando reflexiono sobre tus aportaciones.
    Nuevamente gracias.

    Felicidades por tu cumple, por tu hijo y por ti.

    Un afectuoso abrazo.

  11. Nos da miedo algo tan simple como mirar hacia adentro de nosotros mismos, porque sabemos en lo más profundo que somos débiles y esa idea nos aterra. Preferimos tener el control de toda la situación, entorno, etc. Siempre queremos tener todo bajo control, saber cómo sobrellevar las cosas, ser como maquinas programas a tener una respuesta o acción definida para cada situación, pero esto se sale de nuestras manos y no sabemos controlar algo de esta magnitud. Creo que buscamos la respuesta de todo o la queremos saber para sentirnos seguros y tener tranquilidad interna, no sentirnos tan minúsculos como lo estamos haciendo estos días, cada día es algo nuevo sea bueno o malo. Tengo que recalcar como está expuesto “La seguridad no viene de ese control sino de la entrega” debemos confiar, aceptar nuestra fragilidad y volverla una virtud aceptando nuestros puntos débiles y superando ese miedo a lo que está por descubrirse con esperanza motivadora de que cada vez será mejor para todos, no solo para uno como individuo sino para todo el grupo de iguales. Esa fragilidad que nos hace vulnerables, pequeños, debe ser nuestra fortaleza de amor por nosotros mimos y por los demás.

    Nuestro hogar puede ser nuestra cárcel que nos atormenta o un lugar que nos aporta esa seguridad que tanto buscamos, depende de cómo reflejemos nuestra forma de sobrellevar la situación. Es un lugar físico, pero puede convertirse en el refugio de nuestra alma si así lo queremos.

    Somo un granito de arena en una playa inmensa con cientos de granitos de arena. Somos únicos, valiosos, frágiles, pero la vida es mucho más que nosotros. La unión hace la fuerza y más ahora en estos días, un individuo puede hacer mucho por sí solo, pero si sumamos más granitos de arena la causa y la fuerza aumentarán las ganas de seguir adelanten, de esta manera no se hundirán en una marea y quedarán en el fondo del mar sin más, sino volverá una y otra vez a la orilla de la playa, a esto me refiero con el amor. El amor mutuo y genuino es la base, creando una red extensa de apoyo moral, intelectual, social, etc. SOMOS UNA HERMOSA EXPRESIÓN DE VIDA. Vivamos responsablemente para nosotros y para el resto, primero es quererse a uno mismo y luego a los demás. Debemos crear esa tolerancia y empatía por los demás “El amor es un acto de fe, de confianza en el otro” la fuerza y el amor que ponemos es la totalidad y con ello llegaremos a tener los resultados deseados. Simplemente con amor y aceptación hacia uno mismo y a los demás, todo se puede, hay cosas con las que no podemos o no queremos dejar de vivir, ¡Adaptémonos por esas ganas de dar ternura, mimos, caricias, abrazos, justicia social y los derechos humanos! Vivamos la vida con responsabilidad y cuidando nuestras preciadas vidas.

    ¡Feliz cumpleaños! Pronto esto será como un sueño del que ha logrado despertar con más fuerza y ganas de seguir adelante por usted y sus seres queridos.

  12. A las personas puede asustarnos observar lo que llevamos dentro y fijarnos que nos hemos rodeado de una falsa seguridad, siendo un error creer que individualmente podemos con todo y todos. Aunque somos capaces de llegar mas lejos de lo que creemos.
    Esta época, es una época para mirar hacia dentro; para elegir sentir miedo y bloquearse, o bien aprender y salir enriquecido mentalmente.
    Hay que aprender a valorar lo que la vida nos ofrece en cada momento.
    Todo día es una nueva oportunidad para superar los retos y aceptar los cambios.

  13. Acontecimientos como la presencia del Coronavirus, hace que nuestros esquemas de vida se rompan instantáneamente.
    Las nuevas situaciones que se presentan, nos dejan a oscuras.
    Lo que habíamos planeado, parcialmente o completamente, se ha quedado en un sueño. Por lo que hemos de plantearnos como arrancar, sea las que sean las circunstancias de cada persona. Hemos de tantear, aunque en tinieblas, un cambio que de fijeza a nuestros pies. Ese tanteo será más o menos doloroso.
    Para encontrar “el después” hay que aceptar “el ahora”.
    Nuestros mayores han encontrado en diversos contextos “sus después”. Eso me anima a que todos también tenemos la oportunidad de encontrarlos.

  14. Me gusta mucho este artículo porque me doy cuenta de que hay muchas cosas que antes no les dábamos importancia y ahora con esta situación me doy cuenta lo valioso que es poder dar abrazos, besos, salir. Etc. A veces no le damos importancia a las cosas sencillas.

  15. Querida Maria José, es en muchos sentidos una sensación de verse fuera del camino que habíamos trazado. Se trata de mirar y decidir. Un abrazo grande

  16. Abrazo grande Myriam y gracias por tus palabras!

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