Aprender a morir

2 noviembre 2011
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Hace unas semanas escribí ya sobre una de mis experiencias directas con la enfermedad y la muerte: la de los años que mi padre vivió con Alzheimer y su muerte.

Pero sigo creyendo profundamente en las espirales de la vida. De ahí, entre otras cosas, el nombre de nuestra consultoría. Esas espirales que te hacen volver de nuevo a los mismos lugares que ya habitaste, pero de forma distinta. Todo es igual, pero todo es diferente.

Por eso hoy mi blog también avanza en espirales :-) y vuelvo sobre la muerte. Mis padres y mi propia experiencia me han enseñado que saber morir es a veces tan difícil como saber vivir, pero igual de importante. En ese “morir bien” se va una parte esencial de nuestra vida, y en ese “vivir bien” se genera ese aprendizaje de la buena muerte.

Y es que hoy he encontrado una maravilla que merece ser compartida. Se llama El vol de la papallona (“El vuelo de la mariposa”) y es un programa que se está emitiendo en las televisiones locales en Catalunya y en el que se aborda directamente la muerte desde perspectivas diferentes. Son videos de apenas quince minutos cada uno a los que podéis acceder en la web. Me ha conmovido profundamente la sensibilidad y trascendencia con la que se ha creado este proyecto. Aquí incluyo uno de los capítulos, el último hasta ahora, no sé si el mejor o no, pero a mí me ha llegado especialmente.

Los videos y la web están en catalán, pero muchas de las entrevistas están en castellano, os recomendaría que hiciérais el esfuerzo, porque lo merece.

En una de las entrevistas, una mujer define maravillosamente lo que yo llamo una “buena muerte”. Ella dice “quiero morir sana, consciente, quiero poderme despedir de la gente que amo y morirme con una sonrisa”. Hablan de la consciencia sobre la fragilidad de la vida que da la muerte y cómo esa consciencia abre el camino al cuidado del otro, al amor y a valorar cada segundo de tu vida. Morir bien es parte de vivir bien.

Justo lo contrario a otro momento de uno de los videos, donde hablan de “superar más rápido el duelo”. El duelo no se supera, se vive, y es justo el no vivirlo y el correr para salir de él lo que nos deja atascados en el duelo. Vivir bien también es llorar, dolerse, sufrir, añorar…esa visión de la buena vida que nos trasmiten como aquella ajena al dolor, en la que tienes todo, no te falta de nada ni añoras nada…En mi experiencia, esa visión es una falacia demasiado dañina.

Y me quedo con otra imagen que utiliza una terapeuta en otro de los capítulos. Dice que la muerte es como el parto. El parto es “dar a luz” se pasa por un canal oscuro para llegar a la luz de esta vida. Ella cree que en la muerte se pasa por un canal oscuro para llegar a otra luz, para nacer a otra dimensión.

Yo también lo creo. Profunda y radicalmente y, en mi caso, sin connotación religiosa alguna, tan sólo como parte de la dimensión espiritual y trascendente de la vida que he vivido. Es lo único que tengo, y lo que puedo ofrecer.

Pero también creo que a morir, como a todo lo demás en la vida, hace falta aprender. Y para aprender hace falta mirarla a la cara, sentarse a su lado y dejar de temblar. Y eso hacen en “El vol de la papallona” El tiempo que pasé y sigo pasando junto a gente que sabe que se muere ha sido y es, junto con el tiempo que paso con mi hijo, el de más calado de mi vida.

En fin, espero que os conmueva tanto como a mí.
Pepa

Pd. He llegado al “Vuelo de la Mariposa a través de otro blog, el de De mamas & de papas de El País, que ya difundimos desde Espirales y que sigo consultando habitualmente. En la entrada de ese blog de hace unos días he encontrado el enlace a “El vuelo de la mariposa”.

4 comentarios a “Aprender a morir”

  1. Hola Pepa,

    soy Laura Ribes, una de las creadoras de El vol de la papallona. Tus palabras nos han conmovido mucho a todo el equipo. Nos alegra profundamente que el proyecto haya servido para algo. Me gustaría contactar contigo en privado.

    Un abrazo

  2. Hola Pepa! maravilloso escrito… mi padre murió de cancer.. se lo diagnosticaron cuando le quedaba, según su médico, 1 mes de vida… tardó en morir 4 meses y medio…
    Con su experiencia vital de muerte nos regaló, no podía ser de otra forma debido a lo generoso y amoroso que era con nocotras (madre y 3 hijas a las que amaba, adoraba y respetaba)la lección más importante que hasta el momento había aprendido…. a entender la muerte para vivir aún mejor y más plenamente mi vida, a priorizar lo que de verdad importa y a decirnos todos los días, porque mañana podía ser tarde, todo lo que nuestra alma necesitaba expresar… incluido el silencio y los momentos de soledad, o de uno mismo…tan improtantes para encajar tantas cosas.
    Mi padre me mostró que no hace falta enfadarse porque no sirve para nada, tuvo miedo, lloró, aceptó su realidad siempre con sentido del humor…
    En su camino hacia la muerte nos mostró cómo sí es posible hablar de todo con amor y respeto,Que nunca puede faltar el sentido del humor,a ser valientes y a afrontar la realidad,a aceptar con dignidad lo que no podems cambiar,a que nunca sobra qe nos digamos “te quiero”,y que aunqe creas que tienes motivos…enfadarse no sirve de nada.Nos hizo reir y llorar y volver a reir. Se fue en paz…y nos quedamos tambien en paz…
    Al ser consciente de todo su proceso pudo aprender y pudimos aprender con él.

  3. Querida Irma,

    Gracias por tu relato de tu experiencia con tu padre. Yo aprendí pronto que mis padres me enseñaron tanto más en su muerte que en su vida. Saber morir es tan sutil, complejo y especial como saber vivir. Uno de esos momentos en que muestras quién eres.
    Un abrazo para ti, tu madre, tus hermanas y tu padre donde quiera que esté,
    Pepa

  4. nacer para morir vaya tonteria