11 años

25 noviembre 2017
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El otro día, comíamos en casa con una amiga y yo le explicaba divertida:

– Sabes? Parece que he criado un clon, últimamemente José tiene tanta vida social como yo y ya tengo que cuadrar su agenda con la mía. Pero bueno, supongo que se parece a mí en eso.

– No, mami, yo no me quiero parecer a ti.

Silencio. Puñalada interna en el corazón de madre y cambio de conversación.

Pero ya por la noche volviendo a casa le digo:

– Cariño, lo que has dicho esta mañana de que no quieres parecerte a mí..

– Ya sabía yo que me lo ibas a sacar..

Otro silencio mío, esta vez de “me han pillado”.

José se para en la calle, se gira y me dice:

– Mira, mami, te lo voy a explicar. Yo soy yo y tú eres tú- dice indicando el corazón de cada uno- porque si yo soy tú dejo de ser yo. Así que yo te quiero y me encanta vivir contigo, pero yo soy yo y tú eres tú. Te queda claro?

– Diáfano, cariño. Y sólo puedo decir que me siento muy orgullosa de ti y que te quiero.

– Y yo a ti.

No puedo explicar la sensación. Pensé de todo. Pensé “ya está, el trabajo está hecho”, pensé “dios mío, qué persona más increible se ha creado”. Pero sobre todo pensé algo que últimamente me vuelve una y otra vez. Y es que José se ha hecho mayor.

Esta semana ha cumplido 11 años y nosotros 10 de familia. Lo celebramos el finde pasado en Madrid y lo celebramos hoy en Palma. Dos días de sol a finales de noviembre, hoy hasta se han bañado en la playa. Mi confabulación con el sol sigue funcionando. Han sido dos días llenos de amor, tranquilidad y fluidez. Dos días inolvidables.

Hay algo extraño y hermoso que me está sucediendo este año a mí y que me doy cuenta de que también le sucede a él, a pesar de que él sea él y yo sea yo ;-) y es que puedo aceptar con paz, con humildad pero también con reconocimiento hacia mí misma lo que he creado, la vida que tengo, el amor que recibo y lo que he logrado. Y estos días me daba cuenta de que José tenía esa misma sensación, la de que el amor que recibía, las llamadas, los abrazos, las risas, los cuidados..eran por él. Sin culpa, sin sensación de que necesito comportarme o ser de una determinada forma para que me quieran, sin sensación de deuda. Es su espacio, su vida, lo que él ha logrado. Y se siente seguro y sólido en ello.

Detrás de mi sensación, y detrás de la suya, de esa certeza que compartimos hay un camino muy largo: mucha consciencia, mucho dolor, mucho amor, muchísimas manos que nos han ayudado y protegido.

En cierto sentido yo también me he hecho definitivamente mayor este año porque he perdido a mi tía y a mi padrino, las dos personas que me dieron cobijo desde que mis padres faltaron, que me guiaron, que fueron padres para mí. Ya no hay nadie por arriba, salvo una legión de ángeles. Ahora me toca a mí estar al frente. Sin guarida salvo mi propia alma y ese inmenso almacén de amor que he recibido, de vivencias de cuidado, de sostén y de amor. Un almacén del que tirar cuando llega el frío. Ese mismo almacén que veo cómo mi hijo va construyendo.

Él ya tiene su lugar en el mundo. Y no es el mío. El mío es el mío y el suyo es el suyo. Pero ambos lugares tienen algo en común: son hermosos. Como Pepa me emociona, pero como madre…no hay palabras.

Pepa

3 comentarios a “11 años”

  1. Muchas felicidades a los dos y en particular a ti por haber sabido crear paso a paso ese almacén de amor y generosidad del cual podemos beber los demás gracias a vuestros abrazos. Es una suerte estar ahí y poderlo observar y sentirte feliz porque también lo sois ambos.

  2. Siempre una luz que ilumina el camino al leerte
    y siempre con una sensación de que me gustaría compartirte tantas cosas… la vida nos regalará el espacio y el tiempo cuando tenga que ser
    abrazos querida

  3. Muchas felicidades a los dos Pepa.
    Me emociona leerte.
    Como siempre, con agradecimiento por lo que compartes, y con admiración por lo que eres, te hago llegar un abrazo inmenso.

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