Ternura

13 enero 2018
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Llegó conmovida de ver “Loving Vincent“. No es la historia, es la ternura del homenaje, el arte honrando la vida de quien lo hizo posible y de quienes le amaron.

Y resuena dentro de mí “ternura”, “ternura”, “ternura”. La película acaba con una cita de Van Gogh en la que dice que así es como quiere que le recuerden, que cuando miren su obra piensen que pintaba “con sensibilidad, con ternura”.

Y miro mi vida entretejida de pedacitos de ternura:

El desayuno de esta mañana con mi hijo y un amiguito suyo cuyo padre no está bien, hablando de la tristeza y del enfado, y de cómo los abrazos son lo único que acorta la tristeza, y que no siempre los mayores éramos capaces de pedirlos y de recibirlos, aunque supiéramos darlos.

Y la comida con una amiga que hablaba de cómo amar a su padre con todas sus limitaciones, incluso cuando esas limitaciones lo cierran a ella.

Y el amanecer de esta mañana, que he fotografiado al levantarme al baño de bello que era, y aquí os lo dejo.

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Y la presentación del libro en la que la gente viene a escucharte bajo el diluvio. En esa librería en la que encuentro otro tesoro de mi amado Jimmy Liao. Se llama “Mi mundo eres tú“.

Y la cena bajo el mismo diluvio con personas que conociste por trabajo pero que se han ganado un hueco en tu corazón porque, sin presunción alguna ni aspavientos, llenan la vida de gente que sufre de ternura. Uno traduciéndoles los términos legales del dolor, otro dando calor y esperanza a los niños y niñas cuyas familias no pueden dárselo y protegiéndoles del horror, la otra encontrando el hilo para hacer visible aquello de lo que nuestra sociedad no quiere hablar..y todos comiendo platos cocinados con mimo y ternura y sonriendo con la humildad de la conversación que fluye porque te reconoces como compañeros de camino.

El amigo que conduce 150km para desayunar contigo apenas una hora antes de que entres al curso.

Y un curso entero en el que sólo a mí se me puede ocurrir plantear que aquellos que trabajan cuidando a personas, especialmente los que cuidan a personas que sufren, están obligados a ser afectivos con consciencia, a abrazar cada día, a mimar. Cosas mías las de plantear la afectividad consciente como una competencia profesional.

Y una sesión con un abrazo de los que valen vidas.

Y la llamada a un amigo que sigue empeñado en ser honesto aun cuando los cimientos se muevan.

Y a otro que te cuenta su dolor lleno de amor.

Y el mensaje de esa amiga que quiere saber si volaste bien, porque anuncian mal tiempo y porque sabe que el primer aterrizaje fue algo complicado.

Y el abrazo de mi hijo al volver a casa. Y de los demás.

Y el abrazo de mi hijo a quienes le cuidaron los dos días que falté por, entre otras infinitas pequeñas cosas, haberle preparado una habitación suya propia en su casa para cuando haga falta. Y al contármelo, yo recordaba cómo la mejor amiga de mi madre me preparó una habitación a mí en la suya cuando me fui a estudiar a Madrid con 18 años.

Y otra amiga que te escribe para decirte que te ha estado pensando estos días que no estabas.

Y el abrazo de mi hijo a su amiga que hoy celebraba su cumple.

Y las caricias y cosquillas de esta mañana al despertarme el peque.

Y seguro que hay más. Es tan sólo lo que ahora mismo recuerdo en 48 horas.

Vicent tenía razón. Lo único que merece la pena de verdad es ser recordado por la ternura que pusiste en tu obra, en tu vida.

Os quiero,
Pepa

5 comentarios a “Ternura”

  1. Es un lujazo conocerte, Pepa.

  2. “Vicent tenía razón. Lo único que merece la pena de verdad es ser recordado por la ternura que pusiste en tu obra, en tu vida”…Y desde luego tu ternura traspasa límites, Pepa. Por un abrazo que valen vidas, y muchos más.

  3. YO TAMBIEN TE QUIERO! y deseo taaannto leerte.
    Un abrazo

  4. amo leerte esa sencillez me trasmite TERNURAAAAA

  5. una vez más Pepa, tengo que decirte que me encanta leerte y escucharte. Enhorabuena y gracias

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