La metáfora de Sicilia

21 julio 2013
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De nuevo en nuestro hogar. Y la luna llena me mira directa mientras escribo.

Acabamos de volver de pasar unos días en Sicilia, una de mis cuentas pendientes personales, que he podido hacer realidad como parte del regalo de mi gente querida por los cuarenta. Me regalaron un viaje, y elegí Sicilia.

Me ha resultado un lugar tan paradójico como espectacular. He estado en lugares que sencillamente te hacen enmudecer con su belleza. No sólo calas, sino iglesias, pueblos…algo muy especial. He conocido muchos lugares en el mundo, pero en este viaje he estado en dos o tres de esos que entran a formar parte de mi acerbo más íntimo de geografías. Y eso que no he conocido más que una parte de la isla, la más cercana a Palermo.

Si podéis ir, no os perdáis la scala dei turchi, la escalera de los turcos, una playa de roca blanca en forma de escalera que esconde un paraje único. Cefalu, el pueblo donde se rodó “Cinema Paradiso”, una de mis pelis, de esas que eligiría si sólo pudiera quedarme con unas poquitas. Un pueblo alucinante al borde del mar. Su iglesia conmovedora y la playa de roca, no la grande sino la escondida, inolvidable. Y la iglesia bizantina de Monreale. Sólo verla merece la visita. Y el caos de Palermo, y Ericce, un pueblo detenido en la cima de una montaña…

Pero he dicho paradójico con conocimiento de causa. Porque me he vuelto con la certeza de no haber entrado en el alma de la isla. Es demasiado grande, no llegas en ningún momento a tener la sensación de isla allí y para mí, teniendo en el alma mis amadas baleares, me faltaba su luz y su paz. Por no hablar de ese caos, ese aire decadente, distancias largas con carreteras malas, unas infraestructuras bastante pobres y basura suelta por los rincones. Pero sobre todo porque es uno de esos lugares que a mí me ha trasmitido la sensación de que oculta mucho más de lo que muestra.

Así que Sicilia esta noche para mí es una metáfora sobre lo que la vida me ofrece y cómo he de acercarme a ella. Con cuidado, con mimo, con ese silencio conmovido que me permita ver la belleza. Y con esa certeza de siempre quedarme en uno de sus velos, como con las personas. De tocar su alma sólo en algunos momentos de infinito, que cuando llegan, quiero vivir sin intentar retener, con plenitud, porque sólo así los atesoras.

Así que os dejo dos momentos de ese “infinito” para mí. El primero, la foto de un atardecer sobre el mar con el que Sicilia se despidió de nosotros ayer. Refleja para mí lo que está siendo este verano.

Vimos esconderse el sol en el mar, un espectáculo increíble y cuando nos giramos para irnos…ahí estaba, la luna sobre la montaña. Preciosa, radiante, casi llena. El sol y la luna. Siempre la belleza. El aprendizaje es saber mirarla.

Y el otro lo recupero al llegar a casa en forma de canción. Una canción que a mí me pone los pelos de punta. Siempre fue así. Y la recuperé hace poco en una sesión de biodanza de mano de dos mujeres maravillosas. Así que os la dejo. Mi consejo…deteneos…y escuchar.

Pepa

2 comentarios a “La metáfora de Sicilia”

  1. Gracias por tu reflexión. Me ha encantado. Ahora estoy escuchando la canción elegida y me está maravillando. Me voy a Sicilia el día 9 de agosto y ya he tomado nota de tus recomendaciones.
    Gracias, otra vez.

  2. Disfrutalo, Marta! Lo merece, ya verás.
    Un abrazo,
    Pepa

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