El país cumple el año que viene sus 50 años como nación, es realmente joven y Kuala Lumpur, su capital es una ciudad extraña, a ratos tiene algo de Bangkok, a ratos parece otra galaxia. No hay ruido, si hay mucho verde, tranquilidad, una ciudad amplísima, que de vez en cuando tiene algunos rascacielos de alta modernidad y belleza, pero no hay mas, quiero decir que su historia la han construido de la nada y en pocos anos, y eso le da un "halo" especial a la ciudad.
Vine a Malaysia a dar una conferencia sobre abuso sexual infantil en niños con discapacidad al Congreso Intenacional de ICEVI la organización internacional de personas ciegas. Primer dato, 1200 asistentes, 15 talleres simultáneos, el programa es un libro que había que estudiar antes para saber a que asistir. Segundo dato, de esas 1200 personas, mas de una tercera parte, incluyendo mi compañera de taller, eran ciegos. Es la primera vez en mi vida que convivo con tantas personas ciegas, había otras discapacidades también, había algunas personas con las caras desfiguradas como no las había visto en mi vida, otras discapacidades, y eso me lleva al detalle siguiente: darse cuenta de como parcializamos el mundo, que sólo entramos en contacto con aquello que vivimos, que hay mundos dentro de este mundo que ni siquiera sabemos que existen hasta que llaman a nuestra puerta. Yo entré por un tiempo en el de discapacidad y no porque no lo conociera (me acordaba de Jorge, Su, mucho) porque además intento que sea parte de mi trabajo, pero ¡cuantas cosas por aprender!
Decían los participantes cosas en las que yo nunca había caído, necesidades que ni siquiera te planteas y piensas esto no debo olvidarlo. Los miraba (paradójica palabra en este contexto) y pensaba que importante es el estar unidos. Cuando se es pocos, como la fuerza viene a veces de hacer saber que existes. Y no os engañéis: seguimos hablando de niños encerrados en habitaciones y sótanos, atados con cuerdas, niños a los que se considera resultado de los pecados de los padres en esta o otra vida pasadas. No hablamos de mi compañero Nacho de la Universidad y su perra Iona, hablamos de otra realidad mas amplia, diversa y cruda. Si la de los niños y niñas no es una realidad fácil, menos aún la de aquellos que tienen una discapacidad física, sensorial o psíquica.
Comí con una mujer alemana y su novio americano, hasta aquí nada inusual, salvo cuando sabes que ella es ciega y con menos años que yo y la ayuda de su novio se han ido a vivir al Tibet y han creado una escuela para niños ciegos donde les enseñan a cultivar la tierra porque es la única subsistencia posible en Tibet y ha creado el alfabeto tibetano en braille. Hasta que ella llegó hace 5 años los niños y niñas tibetanos ciegos no podían usar su propio idioma por escrito. Si queréis saber mas de ellos http://www.braillewithoutborders.org
Y todo esto pasa en Malaysia. Como país os avanzaba esta tarde, éste es un país muy curioso, curioso para una servidora que siempre que vive cosas así se acuerda de esa frase de Javier de “cuando creas tener una idea sobre algo, deshazla, porque seguro que será falsa” Yo creía tener una idea de Aisa, del sudeste asiático (ya aprendí a distinguirlas distintas Asias) pero Malaysia no cuadra, no encaja ahí. Es tranquila, ordenada, limpia y poco ruidosa. Me reía porque algunos compañeros del grupo mejicanos y colombianos se quejaban de la comida y del olor y yo pensaba: si esto les parece así, que esperen a Bangkok, o Hanoi o Delhi.
En Kuala Lumpur, que no parece una ciudad sino más bien una serie de rascacielos dispersos comunicados por autopistas, alrededor de los cuales giran battios que no se comunican entre si salvo por autopistas. Bueno, pues qui no hay pitidos, hay cosas a cual mas rico, nada que ver con otros países de la región, la pobreza existe pero fuera de la capital. Te enseñan el palacio del rey como monumento y de lejos claro y lo mejor, puestos a la ironía, te llevan a ver el monumento a los caídos con la bandera que oh, paradojas! Es igualita a la americana solo que en vez de estrellas tiene la media luna árabe y la inscripción del monumento por lo demás horrible dice “A la gloria de nuestros muertos que Ala los cubra de su gloria”. Creo que a más de un americano le daría un ataque al verlo.
Igual que al ver la llegada del alcalde de Kuala Lumpur a la cena de gala del congreso, rodeado de mujeres danzando y lanzando flores a sus pies, mientras la locutora nos recordaba que gracias a su gloria “KL era la ciudad excitante, generosa y bella que es”. Aquí todo el mundo habla ingles y como os contaba, el islam es la religión principal, pero como bien se encarga de explicarte la guía (cuanto tiempo hacia que no viajaba en grupo! y grupo quiero decir que iba en el autobús 17 de la visita :-)) el gobierno da libertad a las mujeres para vestirse como quieran, las hay vestidas a lo occidental, las hay con pañuelo y con velo. Es una mezcla curiosa y armónica, nadie parece mirar a nadie. Existe la regla clara de que hombres y mujeres no se tocan salvo que sean pareja o familia, el resto no se diferencia en apariencia en las formas.
Y luego está, de nuevo, la influencia inglesa. En la visita te llevan a ver el único edificio de una minima antigüedad de la ciudad, ingles, siglo XIX, genio y figura, una residencia frente a un campo de criquet, la sede de la policía y la única iglesia cristiana de la ciudad, es casi un resto simbólico. El resto es nuevas tecnologías que, por cierto, es la primera fuente de ingresos del país por delante del turismo.
Esta noche hablaba con un amigo de una conversación que he escuchado hoy entre un hombre, padre de familia, le pedía a una mujer que le diera las pistas necesarias sobre un lugar que ella conocía y el no, para como decía literalmente “cuando llegas a un sitio nuevo te gusta seguir las reglas y no desentonar”. Me ha hecho pensar en como a todos en todos los lugares del mundo nos educan para seguir las reglas establecidas de tal manera que en vez de abrirnos las mentes a nuevas posibilidades, nos las encauzan a lo deseable, allí y aquí. Seguimos las reglas y salirse ellas da miedo porque nos hace sentir la falta de control.
En fin, ya filosofo. Me voy a dormir. Mañana mandaré esto y luego os escribo de Singapur, siguiente escala de mi viaje.
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