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Laos sigue siendo uno de los últimos bastiones comunistas del mundo, junto con Vietnam y Cuba. El régimen es estricto y el nivel de desarrollo es muy bajo, su renta per capita son 5 dólares al día. No sabes si este régimen sobrevivirá, pero mientras, el control que se lleva es rígido y claro, desde el dinero de los bancos, hasta que no ves policía, salvo cerca de los lugares en que se sientas los turistas, que sin un arma ni uniforme, sólo con un grito espantan a la gente que pueda suponer un riesgo. Son esos límites invisibles pero que de tan fuertes puedes mascarlos al andar por las calles, como en los pueblos pequeños cuando paseas y sabes que la gente te está observando desde detrás de las ventanas.
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La única carretera o parecido que hay lleva a la frontera, no hay trenes y la gente vive de puertas afuera de las casas. La ciudad está llena, eso sí, de casas de la época colonial francesa (este país fue colina francesa) en estado de semi ruina pero bellísimas y de templos. Está el palacio presidencial, Patuxai, el museo de la revolución donde se relata la derrota de las tropas estadounidenses en la guerra de Vietnam (Laos y Vietnam entonces eran uno), también hay un equivalente al arco de triunfo parisino, que pretendía ser un monumento a la revolución y como no había dinero se quedó en un arco donde la gente joven va a pasear para observarse entre ellos y a nosotros, y un mercado talatsao, en donde puedes encontrar cosas de una belleza incomparable: sedas, madera, piedra.
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Una cosa que llama la atención es que Vientiane, la capital de Laos y una ciudad con una calidad de vida notable dentro de lo que es el Sudeste asiático está llena de mujeres americanas u occidentales que se han dedicado a las sedas, o a pequeños negocios y reinan en sus motos por la calle. A estas mujeres, por el hecho de ser extranjeras, se les permite cosas que a las mujeres laosetanas nunca se les permitiría como salir solas por las noches, tener sus propios negocios o viajar. A estas mujeres, las mujeres laosetanas las miran de lejos y se sonríen. Una de las cosas que más llama la atención de estos países es su sentido del humor, les gustan mucho los karaokes y contar chistes en grupo, existe mucho la diversión que consiste simplemente en estar en grupo, contar historias, relatos, chistes sin nada más, y desde ahí observan a los extranjeros con una mezcla de extrañeza y compasión.
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Tailandia / Hong Kong y Macao
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