Madre mía, ya estoy en Delhi. Tengo la misma sensación al escribir este diario que tuve en Machu Pichu y en Laos, que no se como expresar lo que se vive aquí, así que vaya por delante que este es solo un humilde intento de reflejar mis primeras horas en Delhi.

En "El camino del corazón" Sánchez Drago dice que la mejor forma de conocer algo es la primera vez que lo ves, la primera mirada, la llama él. En cierto modo, estoy de acuerdo.

Pues mi primera mirada sobre la India ha sido verme en sus ojos, el modo en que la india me ha mirado. Es la sensación mas fuerte que puedo transmitiros de estas horas, el modo en que la gente mira aquí, el modo en que te interpelan y te penetran con la mirada. Es algo muy difícil de describir, pero cuando llegas al aeropuerto y caminas por delante e gente que te mira a los ojos directamente, te mantienen la mirada y te observan en silencio, viendo pasar el tiempo, y caminas por la calle y lo mismo, desde ancianos de barba blanca, hasta jóvenes sentados viéndote pasar, y tu los miras y ellos no mueven un ápice su gesto. Para que os hagáis una idea, el conductor que me ha recogido del hotel, no me ha dicho ni buenas tardes, ni una palabra, se ha limitado a una vez conocida caminar delante de mi dejando que le siguiera hasta el coche con la maleta, sin un mal gesto, pero tampoco sin acercarse a ti, ha girado el espejo y me miraba pero ni el ni yo decíamos nada, yo me limitaba a ser mirada mientras miraba por la ventana y veía la ciudad pasar.
(…)
El caos es indescriptible, nadie respeta nada, pero funciona, todos pitan, todos se meten ente todos. Solo un detalle que os dará una idea, el conductor recoge el retrovisor, y al principio piensas como va a conducir sin el? y luego te das cuenta de que pasan rizándose los coches de tal forma que no pueden permitirse los espejos, nadie los usa.
Delhi son dos ciudades, la ciudad nueva que es una ciudad colonial pura y dura, estilo ingles, llena de grandes avenidas, arboles y edificios majestuosos, todo estropeado y algo envejecido, pero bello, y la ciudad vieja, algo difícil de describir, un cumulo de sensaciones, gentes y vivencias en un espacio tan diminuto que me recordaba a la medina de fez, y es que es cierto que desde el barrio de los tintoreros de allí y Bangkok no había vuelto a sentir y oler una ciudad así. Y llega la miseria, ésa sobre la que todos te han advertido, y duele, pero duele mas ver la gente tirada en las calles viendo la vida pasar, es una sensación extraña verles.
(..)
Sigue la mirada, la siguiente gran impresión de la india para mí es su fuerza, entiendo lo que dicen algunas gentes de que lo se que cuece en este país va a dar de sí durante siglos. En este caos de ciudad que es Delhi (me acordaba yo de Pepa, el guardia civil que vino a roma conmigo y que estaba convencido de que no podía haber ciudad con mayor caos circulatorio y yo le decía, créeme que las hay, y el no, imposible, mas que esta no) cabe de todo, caben mujeres cubiertas junto con mujeres en vaqueros, cabe la modernidad con la pobreza y el anclaje a las tradiciones más dañino, caben vacas, cabras andando a tu lado por la calle, andando detrás de hombres, siguiéndoles sin necesidad de correa, igual que las mujeres, que muchas de ellas caminan detrás de los hombres mientras ellos a menudo los ves cogidos de la mano por la ciudad, caben las personas tullidas, los miembros desangrándose (perdonadme la crudeza pero es que es así tal cual) los niños con síntomas de desnutrición extrema, junto a gente pobre pero con un nivel de supervivencia garantizado, junto a la gente de nivel socioeconómico mas alto, caben las castas, los guetos cerrados, las paradojas como que nuestro conductor podía entrar al fuerte rojo solo o con gente como el pero no con nosotras, porque tiene prohibido entrar con turistas, caben familias enteras en la calle, durmiendo en la calle, caben los rijshaws, como los tuk tuks pero tirados por personas, caben los tuk tuks, que aquí se llaman diferente y caben los coches... aquí cabe de todo.






Nos llevo a conocer el fuerte rojo y uno de los templos hindúes de oración que esta delante, para llegar a este tenias que atravesar una multitud que te miraba con sus ojos, como diría mi querida Marcela, y que te pedía de todo, te señala con el dedo incluso se ríe de ti si te tropieza o te asustas de lo cerca que te paso el tuk tuk esa vez, multitud formada por niños con los ojos pintados de negro, lo hacen sus padres para alejar al diablo, y cuanto mas pintura es porque mas bello creen los padres que es su hijo o hija con lo cual mas probable creen que es que se lo quiera llevar el diablo (imaginaos la mortalidad infantil aquí) entre la multitud un anciano tirando agonizando o en estado cata tónico en la calle, no llegue a saber muy bien que era. Mali no paraba de repetir que agradecía no haber llegado directamente de Europa a un dolor como este, porque era demasiado, y yo le decía, no me digas eso por favor. Y llegamos al templo, con la buena o mala suerte según se mire que llegamos en la hora de oración y no podemos entrar pero nuestro conductor contando con que si entrábamos ha desaparecido durante quince minutos, y allí nos quedamos esperándole rodeadas de una multitud cada vez mayor que nos miraba sin recato, en unas escaleras gigantes en las que la gente simplemente veía la vida pasar o pedía limosna o ofrecía sus cosas para vender. Fue una sensación demasiado fuerte para describirla. Fue y entendí por que mucha gente no quiere volver a la india después de algo así.
(…)

Hoy he estado en el Taj Mahal, pero lo mas increíble de todo es que para mi ha sido lo menos impresionante casi podría decir del día. Es extraño, ese tipo de clasificaciones de si es o no una de las siete maravillas del mundo, y llegas allí y te das cuenta de que es bellísimo ciertamente, pero que no trasmite, al menos a mi, ni la mitad que machu pichu, por ejemplo, o el altiplano boliviano, o Paris...que no tiene magia, y desde luego para mi no tiene ni la mitad de magia que tiene este país increíble e indescriptible.

Porque dejadme que os cuente que para estar cuatro horas viendo Sikri (un palacio que ves previamente y también muy bonito) y el Taj Mahal hemos viajado doce horas en un día por India, seis para ir y seis para volver. Conocer la India viajando por carretera parece ser mi destino en este viaje, pero empiezo a comprender que Ravi tiene razón al decir que Jaipur es su ciudad favorita de la India (el la ha recorrido completa, cosa muy poco común para la gente de acá) y es que esta ciudad tiene una belleza de la que carece por ejemplo totalmente Agra, que vive de estar junto al taj mahal y el turismo que eso genera, pero es una ciudad agresiva. Y el camino hacia allí es bajar un peldaño mas a la profundidad de los velos de la india, a lo que vi en mi segundo día en Delhi.





He visto gentes y gentes, el billón de personas que viven en este país, la sexta parte de los que somos en el mundo, se amontonan en grupos de personas acuclilladas (no se sientan, están sobre las rodillas y se balancean, no sé como pueden hacerlo) bajo telas que les oculten del sol en esta inmensa llanura ardiente que es esta zona del país, con una especie de somieres de cama fabricados para tirarse a descansar, rodeados de vacas, toros y búfalos (me ha costado aprender a distinguirlos, lo reconozco, con mi conocimiento de cría, seguía pensando que los toros eran negros y las vacas no y ese tipo de cosas) que abundan como en ningún otro sitio he visto y se han convertido para mi en un símbolo de lo que es este país, gentes que miran pasar la vida sin inmutarse, tanto que hemos podido atropellar a mas de uno porque cruzan la carretera cuando deciden hacerlo sin mirar siquiera una vez al coche que pitando como desalmado, o sea, nosotros, se le esta echando encima.

No tengo idea de como hemos vuelto sanos y salvos al hotel, pero así ha sido. Conducir aquí, el estado de las carreteras, si las puedo llamar así, de los coches, la gente, los animales...todo. Por cierto, que no se me olvide contaros que he de añadir un animal a la lista del otro día, la de animales fascinantes que una ve aquí, en la zona de Agra hay crías de osos que han bajado de la zona del Himalaya para enseñar a los turistas, porque esa zona si es propiedad de los turistas me temo. Es triste verlos amaestrados, pero son hermosísimos.

He visto gentes, lugares, imágenes y colores que no voy a poder olvidar..

Y con ellas llegas al Taj Mahal, que esconde detrás de si una historia, o leyenda mas bien, de amor que merece contarse. Érase una vez un rey que se enamora, excepción a la regla, de una de sus mujeres (los hay que hasta han tenido mujeres cristianas entre su séquito de mujeres :-)) que muere a los 39 años después de haber vivido diecisiete con él, haberle dado catorce hijos de los que ve morir a siete, y muere en el parto del último. Sabiendo que iba a morir, le hace prometer a su marido que le construiría algo inmenso en su recuerdo para mantenerlo ocupado con algo que le recuerde a ella pero le permita seguir los años siguientes a su muerte, el rey construye el taj mahal, emplea 20000 esclavos de guerra durante doce anos en construirlo y sobrevive a su mujer treinta cinco anos sin volverse a casar, los siete últimos los pasa encerrado en una cárcel por uno de sus hijos, tercero en sucesión que después de liquidar a los dos primeros encierra a su padre para que no se lo oponga, eso si, en un cárcel desde la que todos los días puede ver el taj mahal en honor a su madre, y luego cuando muere le entierra junto a ella en vez de construir otro mausoleo como quería él para no romper la geometría perfecta que tiene el lugar con su tumba (que por cierto después de acabar su construcción mando asesinar al arquitecto para que no pudiera construir nada ni remotamente parecido y corto las manos de los esclavos supervivientes, lindo rey, no?) En fin, como todas las grandes historias de la época, una de cal y otra de arena.





El lugar es impresionante, por el color, por la forma, por la grandeza, por todo, es cierto que cambia de color con la luz del sol y hemos vivido algo impresionante que ha sido la invasión de una tormenta en medio del Taj Mahal que nos ha hecho tragar tierra a todos arrastrada por el viento que la acompañaba de tan baja que iba. En fin, que merece la pena verse, pero me remito al comienzo. Si venís a la India que no sea por ver el Taj Mahal, pero si estáis aquí merece las doce horas de viaje.
También es impresionante, o sobre todo para mi, sentarte como lo he hecho y ver la gente pasar. Ver que llega una niña corriendo, y te llama la atención y no sabes por que especialmente además de por su cara sonriente, que es la pauta común de muchos niños aquí (y eso da que pensar viviendo el mundo que viven) y cuando te das cuenta es que es la primera persona, adulto o niño, que ves con las piernas al descubierto, con un vestido corto, y es que aquí la norma es ir con las piernas cubiertas, sea con shari o con vaqueros ( hay mucha gente que lleva ropa occidental) pero cubierta. O ver como hay gente que se acerca, te da la mano, y te dice buenos días, como esta? y le contestas "bien, gracias" dándote cuenta de que lo único que quieren es saludar o hacerse una foto con una persona como tu, tan diferente para ellos. Cosas de este tipo.

Y a la vuelta, a las diez de la noche aun con dos horas de camino por delante, cuando piensas que ya has visto todo, no es cierto, el conductor para a posta para que vayas al baño en una boda, exactamente en la celebración de una boda, donde el bus de turistas se convierten en la anécdota de la celebración, te ves rodeada de hombres que te miran a escasos centímetros de ti, niños que se acercan a tocarte la ropa, te invitan a café y te dan agua para el camino, y ves el montaje inmenso de la temporada de bodas, porque aquí durante estos meses se casan todos los días, no es como nosotros que lo hacemos casi siempre en fin de semana. Y una se pregunta riendo que pasaría si llegara un bus de turistas al restaurante de una boda española :-)



Camboya / Vietnam