Vaya por adelantado que estoy deprimida para los que leáis este correo, para que me perdonéis si soy injusta en mis apreciaciones, pero necesito contarlas tal cual.

No es nada grave, es sólo que a veces mi trabajo me toca el alma, me llena de desesperanza, así como un ahogo que te llega de improviso y que te inunda y piensas de qué sirve todo? qué estoy haciendo aquí? algo así me ha pasado hace un rato, al final del día del segundo taller y me he venido directamente a escribir antes de irme a cenar con Ana y Ainhoa y gente del gobierno de aquí. Estas dos mujeres son un bálsamo, aparte de admirables, ahora que conozco algo más este país me parece imposible que nadie lleve cinco años aquí, como Ana, y el trabajo que hace labor de titanes.






Ya os he contado alguna vez que los talleres que yo doy, aunque a veces me toque viajar físicamente por los países, y otras no me muevo de la capital como es este caso, me permiten conocer bastante bien la forma de ser y de vivir de los diferentes países y gentes, porque acuden gentes de todo el país (en los dos talleres que he dado hasta ahora, 80 personas de todos los rincones de Honduras) y tratas temas tan personales y delicados que salen muchos posicionamientos y creencias básicas de una sociedad.

Y lo que he visto aquí me ha hecho daño como ser humano, y me hace volver a mi lucha de hace años contra las iglesias, lucha en la que logré la paz hace mucho tiempo ya, pero que cuando veo cosas como las que he visto estos días, me dan ganas de recuperar. Y hablo de iglesias, porque si la presencia de la católica en Honduras es importante, la de la Evangélica ya es sobrecogedora.

Sé que muchos de los que me leéis pertenecéis y creéis en estas dos iglesias, pero lo que he oído en estos tres días es el ejemplo de todo lo horrible, castrador y espeluznante que ambas han aportado a este mundo. Frases que yo creía olvidadas, como que "el tiempo libre atrae a Satanás" que "los homosexuales son pervertidos" que "el cuerpo es un templo de Dios que nadie puede tocar" que "la masturbación es pecado", el simple hecho de nombrar la masturbación, el pene, el coito o los pechos ha sido un escándalo, el hablar de excitación, de la frase de reina de "no existe la provocación sino el deseo", recordar a los hombres que no tienen derecho ninguno al débito conyugal, que se puede violar a tu propia mujer, que las niñas por muy cortas que sean sus faldas, no son putas...no os puedo explicar el nivel de mojigatería, de falta de formación, información y educación, los pensamientos católicos en los que se educó mi padre, cosas como oír que el divorcio es un factor de riesgo para el abuso sexual, o sea, que los hijos de padres divorciados tienen más posibilidades de ser abusados, que las madres solteras son unas pecadoras perdidas, que la falta de temor a dios ha producido el libertinaje de nuestra sociedad.

Ha sido un páramo el intentar explicarles la diferencia entre psicología y moral, el respeto a la diferencia, las distintas orientaciones sexuales, emplear términos sexuales, hablar de la masturbación como un derecho, de la diferencia entre intimidad, sexualidad y genitalidad, del sexo como parte del desarrollo. Conversaciones como: ¿Y cuándo le empiezo a hablar de sexo a mis hijos? ¿Qué te parece cuando nacen? ¿La masturbación es síntoma de abuso?...

En fin, no sigo, supongo que os hacéis una idea, pero creedme que toda idea que os hagáis se quedará corta. He viajado mucho, he estado en muchos lugares como bien sabéis, os prometo que nunca había oído las cosas que he escuchado estos días y al principio anteayer y ayer despertó en mí la vena peleona, dije como soy de fuera y puedo decirlo, que me escuchen, pero hoy en un momento del taller cuando escuchaba la brutalidad número x justificada en nombre de un dios justiciero y carnicero a quien no reconozco ni sabía que seguía vivo hasta este punto me ha invadido la tristeza, la desazón desde la que os escribo. La vida de la gente con la que he trabajado se rige por el pecado, la condena y el juicio al prójimo, nada que ver con el jesucristo que yo he leído, vivido y creído.

Hoy he tenido la siguiente conversación con uno de los asistentes al taller: su nombre...? si? su nombre...por qué lo lleva? sabe lo que significa aquí?..no, pero si es lo mismo que en otros países lo imagino, qué significa? pues... su... quiero decir... lo de las mujeres... señalaba hacia abajo, quieres decir la vagina? sí, eso. Sí, lo sabía.

Me han vuelto a preguntar si el abuso vuelve homosexual a la gente, si el hombre tiene derecho al débito conyugal, si es normal que los adultos y los niños duerman juntos.

Otra conversación hasta divertida entre dos mujeres en el taller: Una me hablaba de la masturbación en los niños pequeños y otra va y le dice: ¿cómo puedes como cristiana preguntarle por la masturbación? y la otra le dice pregúntale, pregúntale a ella que sabe a ver qué te dice. Y hemos hablado de la masturbación.

Lloro por dentro, la verdad. Centroamérica es un continente lejano para mí, es extraño y curioso pero salvo El Salvador ninguno de sus países ha calado en mí en positivo.

Me asusta esta parte de la realidad, del mundo que también es mi mundo y dudo si algún día la gente llegará a amar en vez de juzgar, a respetar en vez de condenar, y si tiene sentido seguir trabajando para que algo de todo esto cambie.



Guatemala / Berlín