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Como dirían por estas tierras "sí, pues...vamos a ello" o "puchica que sí".
Empecemos por el resumen final: Guatemala pasa a mi lista de países favoritos del mundo, recomendaciones fervientes, compartiendo lugar con Argentina, Bolivia, Colombia, Laos, España e Italia. Me ha dejado muda, y por muchos motivos.
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Un país de 13 millones de habitantes, donde se hablan 23 lenguas, donde existen además de la religión católica y la maya, y varias indígenas, existen 26000 iglesias evangélicas diferentes entre sí, tenemos decenas de volcanes, varios de ellos en activo, lagos de una belleza indescriptible y como en toda Centroamérica una naturaleza que lo invade todo y te hace vivir, sí o sí, en contacto con tu parte animal. También como en toda Centroamérica, están las ametralladoras en las calles, los asesinatos, las ciudades distribuidas por zonas y las casas con vallas y guardas de seguridad. Un país donde existen tribus que siguen sin contacto con el mundo exterior, comunidades en donde hay que hacer cinco horas de camino andando por una vereda para llegar, donde cuando alguien enferma, lo montan sobre una sábana sujeta a dos palos a modo de camilla y la bajan andando por la vereda plagada de mosquitos, zancudos, como los llaman aquí, un país donde existen lugares llamados "el paraíso" que realmente lo parecen, donde en las comunidades mayas cuando nace un niño, el padre trae el cordón umbilical envuelto en un trapo, el brujo lo tira al fuego y cuando ya está bastante quemado, lo saca, lo echa en una jarra de agua y da a beber un vaso a todos los miembros de la comunidad, es el modo de hacerles entender que el niño no es de los padres sino que toda la comunidad es copartícipe y corresponsable de su crianza, un país donde la variabilidad de culturas, formas de vida, razas, religiones y climas te deja anonadada.
Pero es que, además, es un país lleno de gentes maravillosas. Los guates son gente divertida con esa ironía de la gente digna, dispuestos a abrirte su corazón de una manera pasmosa. En el taller la gente me ha contado su vida entera, y no estoy exagerando, no hablo sólo de la gente que te pide hablar como en otros lugares y que te plantea directamente problemas íntimos de toda índole, sino que en un ejercicio que hicimos sobre el perdón y la infidelidad en la pareja, la gente compartía sus experiencias "pues yo sí perdoné, pues yo no, pues yo sí las tres primeras, pero no la cuarta...", tanto los hombres, como las mujeres. Los guates son amables pero no pegajosos, y piden o se acercan a venderte o te llaman, pero si dices "no, gracias" te dejan en paz, y esto por estas latitudes se agradece lo que no imagináis. Los guates son gente que te mezcla en una conversación a dios, a sus costumbres indígenas, palabras bilingües, porque la mayoría de ellos lo son, puesto que vienen de comunidades donde el castellano es su segunda lengua, no es la materna, filosofía, ética y desesperanza por la situación actual de su país. Los guates son gente que se empeña en invitarte a sus casas después del taller, para que conozcas a sus familias, que te pasean, que cuando acaba el taller y se despiden, se acercan para abrazarte y decirte "que dios te bendiga, hacía tiempo que no aprendía tanto de alguien, ya no te me vas" y cosas parecidas.
Historias de gentes que vieron morir a sus familias en los secuestros de la guerra, que vieron morir a sus hijos, que están amenazadas de muerte por denunciar una red de trata de menores (últimamente aquí se está destapando todo un negocio con esto, ¿adivináis uno de los países de destino?) y conduce con una pistola debajo del trasero y te cuenta de su vida, sus cultivos, su ganado y sus amores camino del taller (pistola incluida), historias de humanidad en su sentido más radical en un país que está viviendo una situación de inseguridad, autodestrucción y surrealismo increíble.
Hoy cuando nos despedíamos, después de recibir regalos de varias personas y abrazos de todos, les he dicho que cada vez que dijera "vale" me acordaría de ellos, que éste no había sido un taller cualquiera para mí, que no se imaginaban cuánto, y que habían logrado que tuviera ganas de volver de vacaciones con mi peque. Les he hablado de mi peque, y todos me han pedido que cuando llegue, les mande una foto de él o ella conmigo, a lo que me he comprometido. Ha sido un grupo cuyos nombres recordaré.
Pero es que, además está lo exterior. El domingo conocí Antigua, un lugar de los que dejan huella, como pasa con Cartagena de Indias, un lugar especial, único. Pasamos un día paseando, viendo hoteles, rincones, tomando un café aquí, entrando en una tienda allá, viendo las actuaciones de la gente y conversando y conversando. La ciudad se llama Antigua, porque era la Antigua capital, la Antigua Guatemala, hasta que, no sé si lo sabíais, el volcán que hay junto a ella entró en erupción, pero lo curioso del tema es que por un fenómeno extraño el volcán estaba lleno de lluvia y cuando estalló no sólo derramó lava y tierra sino que inundó la ciudad, por eso el volcán se sigue llamando el volcán de agua, aunque ya no la tenga y la capital se mudó cincuenta km más allá. Sonia y yo hablamos de la vida, el amor, el tiempo y los amigos, y cuando me di cuenta el día había volado.
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Empezamos por el hotel Santo Domingo, del que yo tenía una historia curiosa y es que hace quince años, que se dice pronto, en un viaje a Bruselas conocí a una chica a la que no he vuelto a ver pero que trabajaba en cooperación internacional, vivía en Argentina pero se había casado con otro español, igualmente cooperante, al que había conocido en Guatemala y habían vuelto a Guate para casarse en el hotel Santo Domingo en la Antigua, me lo describió de tal forma que quince años después, cuando supe que venía, les dije a los organizadores que no quería irme sin conocer Antigua, y el hotel era tal cual lo describió ella, un lugar imborrable, las ruinas de una capilla en el centro del jardín, velas iluminando todo, estatuas antiguas en las paredes... impresionante, siguiendo por las ruinas del Hermano Pedro y el resto de la ciudad.
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Pero entre otras cosas le había comprado su colcha de la cama a mi peque, y es una de las cosas que más me emociona de este viaje, apareció delante de mí, de colores, con dibujos de niños, un sol, nubes, una luna y mil cosas más. Mi hijo o hija dormirán bajo Guatemala y eso me hace feliz hasta donde no sé expresar, es como mi tapiz colombiano pero más. Comprar es un vicio en Guatemala, los colores son únicos, me llevaría medio mercado y he comprado, pero contenida.
Los cuatro días siguientes fueron, hasta hoy, el taller, y por las noches cenas varias empeñadas en meterse en mi piel y hacerme parte de su vida. Y mañana voy a Tikal en el día, vuelo ida y vuelta levantándome a las cinco de la mañana, pero voy a ver uno de esos espectáculos únicos, tipo Machu Pichu, que quedan en esta parte del mundo, y tengo unas ganas indecibles, aunque suponga hacer de guiri durante un día, hace tiempo ya de la última, es como cuando me fui en viaje organizado en Vietnam sola a la bahía de Halong. No he tenido tiempo para escribir estos días porque tampoco he querido robárselo a la vivencia, no sé si volveré a escribir antes del regreso a España, sea así o después de la playa, os escribo el relato de Tikal. Pues al final tengo un pequeño margen entre el regreso de Tikal y el avión de vuelta a España para escribiros y completar el relato.
Recuerdo algunos momentos en estos años de viajes por el mundo en los que me he sentado delante del ordenador a escribiros con la misma sensación que tengo hoy y tuve el otro día, la de que por mucho que lo intente, por bien o con detalle que lo describa no voy a ser capaz de expresar lo que una vivencia ha supuesto para mí. Esa sensación la tuve al volver de machu pichu, mi primer día en Asia o la mañana después de Laos, algunos de los días de la Patagonia... en fin, hoy es uno de ellos.
Tikal es indescriptible, tanto como lo es Machu Pichu o Ayuthaya...esos lugares que esconden civilizaciones que ya no existen pero puedes palpar en las piedras, escuchar en los murmullos del aire que si te dejas te acarician para devolverte parte de tu historia como ser humano, de tu esencia, uno de esos lugares que te transportan a un mundo que ya no existe y a una parte de tu alma que ni siquiera sabías que existiera.
Hablando de bichos, no me resisto a contaros dos datos que nos contó José sobre los bichos. Sabíais que las chicharras viven 14 o 15 años bajo tierra para luego salir a reproducirse y morir en quince días!!! Y sabíais que las hormigas tienen una estructura por la que la hormiga reina puede llegar a tener 250000 hormigas de una sola puesta y que la reina que nazca de esa puesta será expulsada en busca de otro nido en compañía de cuatro hormigas soldado que no deben acercársele demasiado porque la hormiga reina sólo le ha dado un hongo como toda comida para subsistir en la búsqueda de un nuevo hormiguero y si las cuatro hormigas soldado se acercan en exceso se las come? Que por cierto los hormigueros en la selva son dignos de verse.
A estas alturas la vuelta a Guatemala en un futuro no sé cuánto de lejano o cercano se me vuelve una necesidad, necesito creer que podré volver para irme. Pero intento un relato ordenado:
El viaje en avión a Tikal es muy curioso, porque la compañía que lo hace tiene apenas un hangar con dos o tres aviones y helicópteros, pomposamente llamada Tag, o transportes aéreos guatemaltecos, con lo que el viaje tiene algo de casero, llegas andando al hangar con los helicópteros (nunca los había visto tan de cerca) y el avión, haces un vuelo tranquilo y estupendo en un avión más bien pequeño de hélices, en el que pasas de las montañas de Guatemala a las tierras bajas como las llaman ellos. Este país tiene dos grandes regiones, una totalmente montañosa, llena como os decía el otro día de volcanes, donde hay gente viviendo a 3500 metros de altura como en Bolivia y las comunicaciones llevan horas sin término y otra llana casi al nivel del mar en la que está una isla llamada la isla de flores, que en realidad es la abreviatura castellanizada de una expresión maya que significa "la isla de los brujos del agua" y junto a ella una inmensa extensión de selva en cuyo interior estepa tikal. Para que os hagáis una idea, esta extensión cubre una tercera parte del país, y sin embargo aquí sólo viven medio millón de habitantes de los 13 que tiene el país, porque como los guates son en su mayoría agricultores, la tierra en esta zona entre la selva y la piedra del subsuelo es prácticamente incultivable, así que casi todo el país vive en la zona montañosa.
Volviendo al avión cuando bajas hasta las tierras bajas, la sensación es muy curiosa y la vista espectacular. Cuando llegas allí, una vez más, sorprende la amabilidad no forzada de esta gente, ni siquiera los que se dedican al turismo, te tratan con una amabilidad extrema y enseguida entran a hablar contigo de su vida, pero siempre discretos, siempre sin imponerse, es una cosa que de verdad me ha llamado la atención de esta gente.
Así que ahí está vuestra hermana y amiga, en una camioneta con un grupo de una venezolana, dos mejicanas, cuatro españoles y yo, y un guía llamado José que es con diferencia uno de los mejores que he tenido en los pocos viajes organizados que he hecho.
Hay que hacer casi una hora de viaje antes de llegar al parque y luego una vez allí, cuatro horas de caminata por la selva, y no es una expresión metafórica sino real, selva a la que le han hecho senderos para llegar de un lado a otro pero selva con serpientes, bichos y felinos de todo tipo.
Vuestra amiga está muy orgullosa de sí misma porque no sólo aguanté las cuatro horas de viaje, con un calor infernal sino que me subí a las dos pirámides que aún se permiten porque las otras dos las han prohibido por peligro (hace poco se despeñó una turista mejicana de una de ellas) y para que no se desgasten. Menos mal que llevé buen calzado, menos mal que llevé agua...menos mal etc. pero lo conseguí y me siento orgullosa de ello dado mi pésimo aguante físico habitual.
Volviendo a Tikal, José nos contó tantas cosas de los mayas, de cómo crearon la ciudad, la construyeron, y las teorías sobre por qué se destruyó que me resulta casi imposible recordarlas todas para escribíroslas, pero ahí van algunas. Tikal tiene localizadas más de 10000 edificaciones, descubiertas sólo unas decenas. Los mayas utilizaban un calendario diferente al nuestro, que por cierto se acaba en el 2012 así que los descendientes del pueblo maya que hay en el país por todos lados, después de conseguir hace bien poquitos años su derecho a mantener sus tradiciones están viniendo a Tikal cada luna llena a hacer sus ceremonias desde el año pasado hasta el 2012 como preparación a. Se supone que a partir de entonces es una incógnita, si el tiempo no para volverán a contar desde el cero. El sistema decimal maya es muy curioso está basado en el 20 y su número mágico es el 9.
Cuentan en grupos de uno, de cinco y de veinte, por ejemplo, cien es el símbolo de veinte y el de cinco, cinco veces veinte, y las construcciones conservan todas estructuras numéricas paralelas conservando el 9 como pauta fija, nueve altares alrededor de cada templo, los escalones...todo. Existen templos y palacios que se distinguen por el modo en que tienen puestas las escaleras y cada veinte años construían un templo para conmemorar ese periodo que acababa y se volvía a empezar de cero. Los jeroglíficos donde se cuentan sus historias son impresionantes, me he puesto morada de hacer fotos, y no suelo hacerlo, pero es que cada rincón daba de sí.
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Por no hablar de la vista desde el templo mayor subido en una montaña (70 metros que hay que subir, 40 andando, 30 por unas escaleras verticales de madera) donde se ven las construcciones de los templos, sobre todo el más famoso, el templo jaguar, que es el que sale en todos lados, por encima de una inmensidad de selva. Caminas por sendas en selva cerrada y de repente se abren y te encuentras con una estructura de templo, palacio y altares, y sobre todo la más impresionante, la de la plaza mayor de Tikal, donde están los dos templos, la acrópolis de los reyes y el palacio donde había hasta 38 palacios dentro, imposible de describir lo que se siente sentada en su centro, como lo que se siente sentada en el intimatata de Machu Pichu.
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Te cuentan de los sacrificios, ahora parece que han averiguado que en los juegos de pelota no se sacrificaba al que perdía sino al que ganaba, porque para ellos la muerte no existía, simplemente emprendían un viaje, un viaje a ser semidioses que era mucho más que ser humanos. Además nos contaban cómo la realeza se deformaba la cabeza poniéndoles tablas con algodón a los niños, para que les quedaran como en forma de huevos y un peso colgando entre los ojos para que les quedaran mirando hacia abajo. La idea era que al juntar los pliegues cerebrales decían que desarrollaban mucha mayor inteligencia y lo de los ojos era para que aprendieran a mirar hacia su interior. La cuestión era que necesitaban ser diferentes, porque cualquier persona con alguna deformidad para ellos al ser diferente a ellos era porque tenía algo de los dioses, por eso la realeza tenía que ser diferente físicamente de los mayas sobre los que reinaban.
Dicen que los mayas vinieron de Asia seguro, no se sabe si de Mongolia o de la Polinesia, pero yo cuanto más viajo y veo estas culturas más claro tengo que Asia y América en algún momento fueron uno y llegaron a un nivel de esplendor y desarrollo que nosotros apenas podemos ni atisbar, que el mundo parece venir de Asia es algo que creo cada día con mayor convicción.
En fin, no sigo, si tengo margen cuando vuelva a España os envío alguna foto para que veáis de lo que os estoy hablando. Sólo puedo deciros que insisto, guate ha pasado a mi corazón.
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Nicaragua / Honduras
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