Lo que he visto hoy no hay palabras para trasmitirlo. Así que hagamos el relato de estos dos días en orden cronológico. (…) Me explicaron algunas cosas del alfabeto kamai que me parece interesante contaros. Resulta que es un alfabeto hecho de sonidos más que de letras, con lo que tienen 33 sonidos que corresponderían a nuestras consonantes y treinta y dos que corresponderían a nuestras vocales más catorce tomados del esperanto. Ellos construyen frases enteras en lo que a nosotros nos parece una palabra, y traducen mucho más por significado que textualmente, por eso a veces te traducen y parece que hablan mucho más tiempo que tú y a veces viceversa. Me llevo mi presentación y los materiales incluyendo el que figura con mi nombre traducidos al kamai para que si os interesa podáis verlo escrito, realmente es algo curioso. Interesante ver cómo han evolucionado. Por ejemplo me llamó la atención que hay gente firma en kamai pero hay gente que aunque escribe en kamai firma en nuestro alfabeto, y resulta que eso es porque en la época de Pol Pot era peligroso utilizar nuestro alfabeto, y la gente firmaba (cuando no decía que no sabía leer ni escribir) en kamai, algunos han seguido haciéndolo, otros cuando todo acabó volvieron a la costumbre que les habían enseñado sus padres de la época de la colonia francesa.
Hoy me han dado tres alternativas, ir de compras, ir al palacio real o conocer los campos de la muerte y la prisión en donde se torturaba a los presos en tiempos del genocidio de Pol Pot. Ya imagináis lo que he escogido.
Y ahí vuelvo al comienzo del diario. Lo que he visto hoy no sé si puedo trasmitirlo con palabras. Primero hemos ido a los campos de exterminio. Para empezar el paseo hasta allí por caminos de tierra, por primera vez salía mínimamente de Phnom Penh, los campos están a media hora de camino, un camino lleno de casas construidas contra las inundaciones en un segundo piso encima de unos enormes pilares las buenas, el resto de maderos apilados, donde se ven niños, mujeres, ancianos tumbados en tumbonas o jugando o simplemente, como en la India, viendo la vida pasar. Ese es uno de los principales aprendizajes de Asia: saber mirar. Y entonces llegas al campo, un paisaje precioso, verde y lleno de palmeras y unos árboles cuyo nombre desconozco una vez más pero inconfundibles, de copa alta y muy delgados, se ven a lo lejos. En fin que llegas allí pensando cómo es posible instalar algo así en un sitio como ése, hasta que te das cuenta de que está en medio de nada y ese es el mejor lugar. Nada más entrar tienes un monumento conmemorativo a los muertos en ese campo, casi diez mil personas al menos los cuerpos encontrados en las tumbas comunales, que es básicamente sobre lo que caminas, el monumento encierra en una enorme urna de cristal todas sus calaveras. El resto de la visita son tumbas. Pero es que la visita ha adquirido una calidad especial cuando Visoth, la coordinadora de los talleres, de quien ya os he hablado, ha empezado a contarme su historia. Ella tenía diecisiete años cuando todo empezó. Su familia se dividió en dos grupos, ella y sus hermanos con su abuela, sus padres, sus tíos y su abuelo por otro. Huyeron caminando sin parar durante cuatro meses en direcciones distintas, los unos hacia la frontera con Tailandia, los otros hacia la frontera con Vietnam. Al final cayeron presos. Cuánto tiempo estuviste en el campo de trabajos forzados? Tres años, ocho meses y veintiún días, ha contestado sin dudar un minuto. Trabajaban de cinco de la mañana a once, paraban para comer cien gramos de arroz cocidos para cien personas en un inmenso bol con mucho agua y hierbas del campo, trabajaban de doce a seis de la tarde y de siete a doce de la noche con focos para que pudieran ver el campo que cultivaban.
De ahí hemos ido a la prisión de tortura de la ciudad. A mitad de visita he tenido que irme de allí. Una antigua escuela convertida en prisión, en la que dividieron las aulas en pequeños cubículos de cincuenta por noventa centímetros en los que los prisioneros no podían ni tumbarse ni andar más de dos o tres pasos, en los que el castigo a cualquier norma no seguida (normas como no ser estúpido, no contestar demasiado tarde o demasiado pronto a las preguntas...) era las descargas eléctricas dadas en los hierros de metal de una cama sin colchón, en la que fotografiaban a los presos antes de matarlos y hay salas y salas llenas de fotografías de muertos, desde niños hasta ancianos. Todo ello desde 1975 hasta 1979, también conservan las tumbas de las últimas catorce personas a las que mataron antes de huir. Respecto a las torturas sólo voy a contar dos cosas. Mataban a los bebés delante de sus padres ensartándolos en un puñal que añadían a la punta del fusil, los lanzaban al aire y jugaban a acertar. Violaban a las mujeres, y luego vivas, las abrían en canal y se comían su riñón.
Y cuando estábamos allí viendo fotos de muertos, yo pensaba en Visoth y en lo que sentiría ella sabiendo que podía haber sido uno de ellos, cuando me dice, mi tío y toda su familia fueron asesinados aquí, todos sus hijos, porque él era ingeniero. Y de repente he pensado en mi hermano Andrés, y en Leti, su mujer, y en toda la familia de Leti y en mi sobrina y en todos mis amigos ingenieros. Y he pensado te imaginas por un momento que un desalmado llegara a tu casa y decidiera que había que cambiar el mundo de cero y que lo único que debían sobrevivir eran los granjeros que no habían tenido contacto con la inmundicia a través de la educación y los bebés, algunos de ellos? Quién quedaría vivo de mi mundo? Prácticamente nadie, ninguna de mi gente amada sobreviviría. Ni yo misma, la primera.
Unos matan porque eres negro, otros porque eres judío, o católico o musulmán, otros porque eres ingeniero. La misma locura. La misma barbarie.
Visoth me ha contado que hace unos años el rey quiso que quemaran todos los restos de los fallecidos, porque dijo que según el budismo si conservaban su cuerpos así expuestas sus calaveras no podrían llegar a la siguiente vida, y que el pueblo entero se rebeló. Que la situación del rey es difícil porque su postura no fue clara en todo aquél tiempo, que la idea en principio cuando Pol Pot llegó al poder era la de traer el comunismo al país y derrocar el gobierno de entonces, como lo llevaron a Vietnam y Laos, pero que ante la matanza que hubo, uno de sus propios generales huyó a Vietnam, explicó la situación y pidió a Vietnam que los ayudara, y Vietnam invadió Camboya, y que por eso consideran a Vietnam su segunda patria, ésa ha sido su explicación del proceso. Y yo he pensado una vez más en lo complicada que es la relación entre estos dos países. También le he preguntado qué ha pasado con todos los partidarios de Pol Pot, y ella me ha dicho que al principio se quiso venganza, de hecho casi todos los grandes cargos del ejercito de Pol Pot fueron ejecutados nada más caer, pero que con la salida de Pol Pot, el país asumió la religión budista como parte de su constitución (el artículo uno, nada más y nada menos, una monarquía budista) y que saben que vengarse no les devolverá a los muertos y no les permitirá seguir, así que según sus propias palabras „ aquella gente sigue viviendo entre nosotros“, además sabemos que la mayoría obedecieron por miedo. Uff, más escalofríos.
|