Ya estoy en Oruro, en estos momentos os escribo mientras las manos se me congelan en una sala del hotel. No os podéis imaginar el frío que hace aquí, se calcula que se alcanzan los quince grados bajo cero por la noche, y ahora mismo son las seis y rondamos los cero.

Gracias a la camiseta térmica y los leotardos y el poncho, creo que sobreviviré, pero de veras que es duro de soportar. Sobre todo si tenemos en cuenta que aquí no hay calefacción en ninguna casa ni en el hotel, aquí no usan de eso (paradojas de la vida, tienen Internet en todos lados pero no tienen calefacción ni con estas temperaturas)

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El viaje ha sido impresionante. El autobús era bastante decente, antiguo para los niveles de Europa pero muy bien, sólo que iba lleno de perros, niños, gente diversa más todos los vendedores ambulantes que subían en cada parada, vendiéndote desde pollo al horno, hasta medicinas naturales o el periódico, se suben y se bajan unos km más allá, por lo que el viaje hasta que entras en las montañas parece no avanzar. A partir de ahí, empiezas a subir las montañas y subes y subes, curvas y curvas hasta que llegas al altiplano, que es como la mancha, una inmensa llanura pero con un cielo diferente y brillante, porque para entonces ya estás a casi cuatro mil metros de altura. La altura, aún no me lo acabo de creer, no parece haberme afectado, he tomado los mates de coca de rigor, y lo llevo muy bien, lo peor es el frío.

Pero el viaje ha sido impresionante también porque no puedo describiros la pobreza de la gente que vive por acá, aunque quiera no conseguiría que os hagáis una idea, las chozas en medio del monte, con ese viento helado que sonaba en la ventana del autobús, las caras de la gente...me ha dolido el alma como no me había pasado hasta ahora en todo el viaje. Y lo que me queda, porque ésta es una de las zonas más deprimidas del país.

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El viaje de Oruro a La Paz es apabullante. Cómo describir el altiplano, un lugar en donde no se oye nada sino el viento cuando sopla, y cuando digo nada, es nada, ni animales, ni ruido, nada. Un lugar sin nube ninguna (creedme, ninguna) con un azul en el cielo inigualable, y con cumbres de cinco mil metros (los nevados como los llaman aquí) rodeándote. Entonces te das cuenta de que andas por los cuatro mil metros de altura, porque las cumbres están cerquita de ti. Una experiencia inenarrable.



La Paz



La llegada en La Paz simplemente te hace enmudecer, es una ciudad metida en una hondonada al pie del Illimani y el Chacaltaya (cinco mil y pico cada uno), la ciudad invade el valle verticalmente no podéis imaginar cómo, hasta el punto que en determinadas zonas no hay calles porque las casas son verticales y se sube por escaleras que conectan una con otra, sin más. La vista de pájaro que tienes al entrar desde la ciudad de el Alto, la ciudad dormitorio de La Paz, te hace enmudecer, y el nevado del Illimani lo invade todo, estés donde estés lo ves.

La pobreza ya no puedo ni describirla, las casas de adobe y paja o como mucho tejado de latón donde viven la gente en el altiplano, sin luz, agua ni cosa parecida, los niños en la carretera o los suburbios de La Paz, las vestimentas de la gente, tanta gente (parece increíble que sólo sean un millón de personas, si lo comparo con Madrid al ver tanta gente en la calle, el comercio en la calle, todo en la calle parecen varios millones más que nosotros).

Antes de seguir quiero contaros algunas tradiciones que me han contado de la gente acá. Primero, cuando se construye un edificio se realiza una ceremonia quechua por la que se entierra en el terreno un feto de llama, sí habéis leído bien, un feto de llama, y es condición sine qua non para construir. Por no hablar de las ceremonias de bendición quechuas de los edificios llamadas sahumerios (la sede de Save incluida) o el papel de las brujas y curanderas. Ahora vamos a ir a la calle de las brujas de la ciudad, eso os lo cuento mañana.

Tradiciones en cuanto al castigo, cuando un bebé enferma en la zona del altiplano y los padres piensan que no van a poder pagarle medicinas para curarlo (recordad que aquí no tienen ni medios para llegar al médico) lo dejan durmiendo a la intemperie para ver si sobrevive solo, en caso de hacerlo, intentan sacarlo adelante, si no, ya murió. Cuando un niño se porta mal, se le castiga en algunas zonas no por el día, sino despertándolo cuando está dormido para pegarlo. Sobre eso trabajan (debería decir trabajamos) aquí.

Un nota sobre el quechua y el aimara, muyu muyu se llama el mal de altura, ese del que por ahora me he librado, estar "purpu" es estar tristona. No suena bonito?

Y el viaje de hoy...hoy me han llevado a las ruinas de Tiwanaku y al lago Titicaca. Las ruinas de Tiwanaku son el origen de la civilización quechua de aquí, tiene restos desde el 20000 antes de cristo, hasta 1200 antes de la colonización. Las ruinas comprenden tres templos, el grande, el subterráneo y un tercero que está cubierto por una montaña, solución de los españoles para hacerlo desaparecer ( no hemos cambiado nada, nada). Es espectacular, por la construcción, los restos y el lugar, el silencio...impresiona. Espero que las fotos le hagan justicia. Esa gente tenía una civilización entera, con cálculo de matemáticas y astronomía antes de que llegáramos. Una de las cosas que consuela es ver que la gente aquí se considera y vive más o menos con normalidad un cruce de quechua con español, la cultura aimara está algo peor.




Lago Titicaca



De ahí hemos ido al lago Titicaca, una de esas cosas que una conoce de nombre, estudia en geografía, y nunca imagina que va a conocer en persona. Y sabéis lo que más impresiona de un lago a 3800 metros de altura, rodeado de cumbres? su azul, el color del lago, es azul marino, oscuro, nunca antes ví nada igual, y por lo visto cambia por el día, por la mañana es celeste y luego oscurece.

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El paseo nocturno por La Paz resultó apabullante, vi y tuve entre mis manos los fetos de llama ( me dio tanto repelús como esperaba) y asistí a la bendición de algo que me llevo conmigo a casa. Los artesanos impagables, algunas cosas maravillosas, y la iglesia de San Francisco, primera joya que veo en este viaje de arquitectura de lo que aquí llaman barroco colonial que es nuestro rococó prácticamente, impresionante. Las brujas no son personas que den miedo sino viejecitas sabias y curtidas en el sentido más literal de la palabra por la vida, su piel parece de cartón, pero sus ojos emanan vida. Mucho respeto, sí señores, sobre todo porque son la base de muchas "terapias" a este lado del océano.

Sólo sé que me siento bendecida. Estar aquí te hace recordar quién eres. Os quiero,



Argentina / Colombia