Desde occidente hablamos de Asia como si fuera una sola, cuando en el continente asiático viven más de 3000 millones de personas, y se esconden como mínimo cuatro subregiones diferentes: Asia central, con países como China o Mongolia, el Sur asiático, toda la zona de India, Nepal, o Bangladesh, el Sudeste asiático, donde incluimos Tailandia, Laos, Camboia y Vietnam, y el Pacífico, con sus países islas. En esta unidad veremos cuatro pequeños puntos de este continente: Tailandia, Laos y dos provincias independientes de China, Hong Kong y Macao.
Lo más importante a entender es que viajar a Asia no es sólo cambiar de país sino que cambias de civilización: es una cultura diferente, varias razas distintas, varias religiones diferentes, las costumbres, el modo de vivir…en Asia un español o española puede sentirse extranjero el primer día que llega y se sigue sabiendo extranjero treinta años después, aunque se integre en la forma de actuar del país donde llegue. Es el sentirse invitado a una civilización tan desconocida para occidente como fascinante y digna de conocerse.
Conocer Asia te obliga a relativizar tus creencias y tus ideas, incluso a menudo tus sentimientos, a darte cuenta de que damos por válidas nuestras creencias porque son en las que hemos sido educados, en las que hemos crecido, pero que hay personas, millones de personas que viven ajenas a esas creencias, con las suyas propias, que a su vez consideran como las válidas y reales. Conocer Asia te hace darte cuenta de que hay modos de vivir diferentes al nuestro de un modo mucho más radical que en otras regiones del mundo, como América. Es una sensación que sólo se suele tener del mismo modo en África.
Dicen en Asia que Asia es como una mujer de siete velos, que cuando le quitas uno y crees conocer su rostro, te das cuenta de que aún te quedan muchos más velos por quitarle y cada uno de ellos te brinda una nueva imagen de ese mundo. Asia es además un mundo donde los ritos, las costumbres y la tradición definen todavía el modo de vivir de la gente. Estamos hablando de que en Tailandia hay nueve formas diferentes de dirigirse a una persona en función de quién eres tú y quién es la persona, no es lo mismo el modo de dirigirte a tu padre, a tu hijo, a tu jefe o a un amigo. Existen muchas reglas y poco margen para salirse de ellas. Estas reglas incluyen, por ejemplo en este país, una amabilidad extrema con los extranjeros, el acogerlos y el nunca decir que no, lo que incluye no reconocer que no se sabe algo, o que se está incómodo o que no se quiere hacer algo. Se actúa, pero no se dice.
La combinación de estas tradiciones tan marcadas con una modernidad extrema en algunas partes de Asia y un desarrollo meteórico es una de las sorpresas más impactantes para el extranjero que llega de visita. Eso y el Monzón. La lluvia caliente es una experiencia que no se tiene en España.
Veamos cómo viven en algunos pedacitos de aquella inmensidad:
|