ASIA
AMÉRICA
EUROPA

VINO PARA QUEDARSE


El tiempo susurra, despacio, que la felicidad vino en parte
para quedarse y en parte para dejar ir.

Vino para quedarse en la mirada de José, en sus risas por la mañana,
en el temblor inesperado al abrazarle por primera vez,
siendo madre en un instante, y toda una vida después,
en las hojas secas lanzadas por los aires,
en los pájaros, los pavos, los globos y las cosquillas.

Vino también para dejar ir al miedo,
a las sombras y al dolor en la piel,
al grito ahogado y a los monstruos que ya tienen nombre.

El tiempo cuenta relatos de cosecha asombrada,
por la red de amor que nos sostiene, con la que celebramos conmovidos,
por la ternura recibida y el cambio de piel
de esa nueva mujer en el espejo en la que aún apenas me reconozco,
por los rostros que llegaron, y a veces se fueron,
pero dejaron siempre inmensos regalos.

El tiempo grita, sonriendo, que la felicidad esta vez vino para quedarse,
que ya es tiempo, que todo está bien.
Y yo le escucho y esta vez sí le creo.



Navidad 2007 / Amor, alegría, valor