Corremos delante del fuego para que no nos alcance, diseñamos futuros de viento desde el presente olvidado. Y al terminar, aunque el fruto tenga sentido, en algún momento la imagen en el espejo se desdibuja, el cansancio se hace dolor físico y el pasado una trampa.
Pero siempre hay una plegaria...
Y llega una niña que le recuerda a su padre que la felicidad sabe a caricia, un hombre que le recuerda a ella que su dosis de felicidad está aún por apurar. Llega el hogar, la mano del “por supuesto”, estar sin condiciones y sin mentiras, llega el encuentro a veces en tiempos equivocado pero siempre amoroso.
Llegan las palabras en actos públicos y en la más remota intimidad, llega el silencio del abrazo, la compasión no arrogante. Vuelven las palabras compartidas con quien se fue inesperado y con quien se fue a poquitos, ambas vuelven en la brisa del despertar.
Llega el amor que salva... Tejido en azules de mar y almas en malva.
Y la plegaria sigue...el descanso elegido...y el camino cambia.
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