TIEMPOS DE GOZO


“Todo tiene su tiempo...hay un tiempo para llorar, un tiempo para reír, un tiempo para sembrar
y un tiempo para cosechar” (Eclesiastés 3, 1-8)

Tras la resistencia y la melancolía, la impotencia y el desgarro,
tiempos en que el amor y el dolor fueron de la mano,
llegan el misterio y el gozo,
la cosecha asombrada, conmovida y agradecida,
que no son sino privilegio, gracia y lucha lúcidos.

“Ama mucho”:
Tan sólo amo, entregando mi ser y mi alma al espacio
conmovido que habitan otros corazones,
los que me dieron la valentía para trascender el tiempo en absolutos
y volver a la vida en matices: a una nueva vida, a los nuevos mundos,
a tantos regalos, presencias y palabras, al alma limpia, a la sonrisa perdida,
a la apertura confiada y libre por ser consciente del temblor y del miedo,
al valor de lo pequeño, henchido ahora más si cabe de sentido.

“Ése es el trato”:
El camino desde el dolor y el aprendizaje
te lleva a la fuerza, la paz y algunas certezas.
Y en el camino nuevas huellas: un dibujo, cielos limpios, un amanecer próximo a Dios, el tiempo detenido junto a un río, silencios compartidos, una guitarra, el desgarro que provocan la miseria y la injusticia, un atardecer junto al océano…
Volverán los tiempos de llanto, pero también los de la risa y la siembra,
una certeza renovada que por momentos me faltó. “Esto también pasará”
Y al final, silencio conmovido en paz.

¡Qué difícil nombrar la alegría, el gozo, la paz y los rostros amados!
Dejándome en el fluir de ríos, mares y océanos
que ahora sé nacen y desembocan dentro de mí.
Comparto hoy por opción tanto gozo
a modo de gratitud narrativa y conmovida,
de amor inefable, de abrazo hondo,
hasta el próximo amanecer.



Escritos personales / Navidad 2005