ASIA
AMÉRICA
EUROPA

Estos meses te estoy escribiendo todos los detalles de mi espera, de este tiempo en el que ya formas parte de mi vida y aún no te conozco, de este tiempo que llevo preparándome para recibirte, para cuando seas mayor sepas que te quise, que elegí tenerte y que te esperé. Está siendo un tiempo lleno de gozo y de vértigo, de miedos a veces (¿te gustaré? ¿Lo sabré hacer como madre? ¿Serás feliz conmigo? ¿Sabré cuidar de ti?) pero sobre todo de fe y esperanza en ti.

Me preguntan mucho estos meses por qué quiero que vengas a mi vida. Y sólo puedo dar dos razones. Quiero que vengas porque soy una privilegiada y porque quiero ser madre. Soy una privilegiada no por lo económico sino por el amor inmenso que he recibido, por la red de amor y bienestar en la que crecí y vivo. He recibido tanto amor en mi vida que creo que sería un error no dárselo a nadie porque creo de verdad y espero poder enseñarte que todo lo no das se pierde. Hay una parte de mí misma como mujer y como persona que sólo puedo ofrecer como madre y hay también una parte de mí misma que sólo puedo llegar a conocer y desarrollar como madre.

No sé cómo serás, y no me importa. No sé si serás niño o niña, pequeño, grande o más grande, qué edad tendrás, si tendrás alguna discapacidad o enfermedad. Ni puedo ni quiero poner condiciones, serás quien tengas que ser. Sólo sé que estás por ahí, en algún centro de acogida, y que tu vida y la mía caminarán pronto de la mano. He visto en mi trabajo muchos niños y niñas que están en tu misma situación, viviendo en centros, niños maltratados, abandonados, enfermos o simplemente demasiado mayores como para olvidar. He visto sus caras y las llevo en mi corazón, y por eso no puedo plantearme otra opción. Sé que uno de ellos o ellas eres tú. Lo sé desde hace mucho.

Y no me engaño, el hecho de que tengas lo que llaman “características especiales” (que seas mayor, que tengas alguna discapacidad o enfermedad, que tengas una problemática psicosocial...) lo hará más complicado, como lo harán mis propias limitaciones. A ratos tengo vértigo, como cuando te asomas a algo desconocido y te preguntas si sabrás hacerlo. En el trabajo que yo hago con padres y madres, en los cursos en los que trabajamos sobre su relación con sus hijos, hablamos mucho y ellos siempre me dicen que “cuando seas madre, ya verás”, aunque también dicen que parece que soy madre de lo bien que describo su vida. Espero que tengan razón en esto segundo porque eso y las infinitas horas que he pasado ejerciendo de tía son mi bagaje. He escuchado miles de historias, cariño, historias de amor, de ternura, pero también de miedo, de incomprensión y soledad, por eso si a algo tengo miedo es a no saberlo hacer.

Pienso en mi opción de esperarte sola, sé y he comprendido hace tiempo que no es el tipo de persona ni el vínculo biológico que te une a un niño las que te hacen una buena madre o un buen padre sino las opciones de vida que asumes. Sé que si quiero ser una buena madre para ti tengo que optar por ti, por permanecer a tu lado, por no poner condiciones a nuestro cariño con la misma fuerza que intentaré decirte “no” cuando haga falta. Tu abuela solía decir que amar es “estar ahí”, estar ahí para el otro, a su lado, presente y cercano físicamente, pasar tiempo contigo, conocerte, a ti, tus clases, tus amigos, tus comidas y tus trampas favoritas... horas sin término. Sé que te educaré en lo que soy porque es lo único y lo mejor que puedo ofrecerte, lo que soy y lo que vivo, con todas sus aristas e imperfecciones que tengo para que tú tomes de eso lo que quieras y vueles. Sin motor no hay vuelo pero un motor fuera de tiempo es un lastre. Qué difícil equilibrio, cariño!

Sólo quiero darte lo que tengo y dártelo como madre. Sé que esta decisión cambiará mi vida y que tú aportarás cosas a mi vida que ahora no puedo ni imaginar. Sólo espero estar a tu altura.
Te quiero, ya te quiero hace mucho,
Mamá



Amor, alegría, valor