Escribir con lápiz en la agenda

13 agosto 2020
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Hoy es el primer día del verano que me siento al ordenador. Hace años que intento hacer vacaciones de verdad en verano. No siempre lo consigo porque a veces estoy metida en escribir algo o en algún proyecto. Pero cuando lo logro, eso incluye no encender esta ventana al mundo, aunque chequee el mail en el móvil y conteste lo urgente. Pero sentarme al ordenador para mí implica una consciencia en lo laboral incompatible con el descanso.

Pero hoy toca. Y ya que toca, me acerco a este mi/nuestro hogar para escribir.

El otro día hablaba con una amiga sobre estos tiempos extraños que nos está tocando vivir y no sólo por el coronavirus. Hay algo raro en el aire porque cualquier plan que hacemos, por pequeño que sea, acabamos teniendo que cambiarlo. Cosas pequeñas y no tanto. Así que ya hace un par de meses que decidí pasar a escribir en la agenda con lápiz. ¡Y me pareció tan simbólico! Mi amiga me dijo que tenía que escribir sobre ello y creo que tiene razón.

Este verano para mí está siendo diferente de una manera muy radical. Llevo siete meses sin viajar y si la vida me da permiso y se mantienen los viajes de este trimestre, para cuando haga el primero, llevaré nueve meses sin viajar. El otro día intentaba pensar cuándo fue la última vez en mi vida que estuve nueve meses sin viajar y me tuve que ir a 1990, nada más y nada menos. Desde que me fui a Madrid a estudiar la carrera, empecé a viajar de forma regular y ya no paré. Es, junto con la buena conversación, el cine y la literatura, mi vicio particular. No viajo sólo por trabajo, me apasiona viajar, me abre la mente y el alma. Me hace sentir en las “tripas” el privilegio de estar viva y conocer este mundo increíble y maravilloso que nos han regalado y que por desgracia estamos destruyendo. Conocer gentes, culturas, lugares tan diferentes a mí siempre lo he sentido como un privilegio. Me enseña quién soy. En realidad no quién soy sino quién decido ser. Viajando aprendes que nuestra forma de vivir no es ni la única ni la mejor, es sólo una de las posibles. Y aprendes que puedes elegir ésa o cualquier otra. Ésa es justo la riqueza. El privilegio, la riqueza no es tener dinero sino poder elegir. Elegir con consciencia dónde, cómo y con quién vivir. Un privilegio que millones de personas no tienen o por la falta de oportunidad que conlleva la injusticia e inequidad social o por sus propios miedos, heridas y temores interiores.

Así que estar sin viajar para mí es una pérdida. Lo es por todo eso y porque además, en mi caso, viajando puedo ver y abrazar a mucha de mi gente amada. Pero la vida me está haciendo reencontrarme con una vida sin movimiento ni viajes. Ni agenda.

Mi trabajo, mis viajes, mi hijo, mis amigos.. mi vida en general es posible gracias a las logísticas. Ya lo escribí hace mucho tiempo: para mí la maternidad es amor y logística. Sin cubrir la logística no hubiera podido criar a mi hijo como lo he hecho, sobre todo siendo madre sola. Tampoco hubiera podido vivir la vida que elegí vivir. La agenda nunca fue un peso para mí sino un medio que hacía posible esa vida. Nunca he tenido problemas en cambiar lo que hiciera falta y cuando hiciera falta, pero esa organización inicial me permitía poder elegir. Y sin embargo la vida me ha llevado a dejar de escribir a boli y pasar a escribir a lápiz en esa agenda. Y cada vez que lo hago aprendo a ser más humilde. La humildad de saber que por mucho que apunte, será lo que la vida decida. Que puedo elegir pero la vida siempre es más sabia y más contundente que yo. Recordar día tras día que no tengo el control. Al principio, allá por marzo, tachaba y volvía a escribir con boli, hasta que me encontré ingenua y un poco idiota y cambié el boli por el lápiz.

No se trata de no escribir. Porque si no escribo en la agenda parte de mi vida no es posible. Es así de sencillo. Los encuentros con las personas amadas, las logísticas de la crianza de mi hijo, la presencia en las fechas señaladas para quienes amo… ésa es la Pepa que quiero ser, que elijo ser. Se trata de hacerlo con humildad, con más respeto a la vida del que le he tenido hasta ahora (diría hemos tenido, pero hablaré en primera persona). Se trata de pedir permiso. Ese mantra que he incorporado a mi vida “si la vida me da permiso”. Resituarse. Recordar lo pequeña e insignificante que soy, tanto como valiosa y preciada.

Toca aprender a fluir dentro de la corriente del mekong (the mekong always flows and flows in the same direction), en la corriente que la vida tenga preparada para mí. No la que yo deseaba, ni la que había planificado en la agenda, sino la que la vida ha marcado. Y ese fluir pasa por la humildad de apuntar en lápiz las cosas en la agenda y sonreirme cada vez que tengo que borrar algo, y apuntar las cosas casi como peticiones a la vida.

Y este verano, la vida me ha dejado aquí en la roqueta, en un privilegio de lugar que elegí para vivir justamente por eso, por l20200719_205119a maravilla que es. Y dejándome aquí, en la roqueta, he visto cosas de la isla y de sus gentes que no había visto en seis años, para bien y para mal. También ésa ha sido una lección de consciencia importante para mí. Mucho más de lo que pueda parecer en principio. Me ha colocado en una vida privilegiada, rodeada de gente que tratamos de ir viviendo con consciencia pero sin dejarnos bloquear por el miedo todo lo que está sucediendo. Reforzando aún más si cabe mi empeño en la red afectiva, su trascendencia.

Y la vida me ha colocado en un verano con mi hijo casi, casi a todas horas, otro aprendizaje contundente. Los planes que hicimos que suponían separarnos también se deshicieron o transformaron y pienso que quizá no me esté dando cuenta de que éste vaya a ser el último verano que pasemos juntos de verdad. Se ha hecho adolescente, Y está deseando volar. Y parte de la angustia para él y todos los adolescentes como él es que el covid 19 les impide volar, socializar, encontrarse, vivir los veranos de adolescente. Veremos lo que nos viene. Pero de momento la vida nos ha llevado a estar juntos casi sin excepción desde hace siete meses. Y eso me ha recordado esa imagen tan clara que escribe Tagore cuando habla sobre el matrimonio y lo describe como un templo cuyas columnas deben estar suficientemente juntas pero suficientemente separadas. Si se separan demasiado, el templo se cae, pero si se juntan demasiado también se cae. La distancia es necesaria en una relación sana, sea cual sea esa relación: pareja, familia, amigos, hijos.. tanto como la presencia. De hecho saber respetar esas distancias necesarias es parte de la presencia consciente. Aprender a encontrar ese equilibrio entre la presencia y la distancia es clave y aprender a ir transformándolo conforme ellos crecen y cambian sus necesidades, aunque no cambien las nuestras, es parte esencial de la labor como madres o padres. Dejarles ir.

Y la vida, como no podía ser de otra manera al estar tejida de amor, ha traido también estos meses muchas muertes a mi alrededor. La vida y la muerte son uno. Lo sé. Lo aprendí demasiado pronto, con la muerte de mi madre cuando tenía 20 años. El amor es lo único que vence a la muerte, pero el amor y la despedida van de la mano. Desde que todo esto empezó en marzo han muerto varias personas amadas de mi entorno, o gente amada de mi gente querida. De una u otra forma la muerte ha estado presente. Y no sólo por el covid, sino de otras formas, casi todas ellas inesperadas e imposibles de preveer. La muerte está escrita con tinta invisible en la agenda de nuestra vida. Que no podamos ver el día en que está apuntada no significa que no esté escrita. Y ésa sí que no puede borrarse. Otra lección de humildad. No soy yo la que escribo a boli, es la vida. Y la tinta de su boli ni se tacha ni se borra.

Así que aquí estoy. Aprendiendo a fluir. Aprendiendo humildad. Aprendiendo a confiar.

Abrazo de alma,

Pepa

 

3 comentarios a “Escribir con lápiz en la agenda”

  1. Me encanta tu texto, como siempre, tu manera de hablar de apego, de amor, de consciencia… Curiosamente también he empezado a escribir en lápiz en la agenda, y no me había parado a pensar en las implicaciones y en como en todo, vamos acostumbrándonos a marchas forzadas a la nueva normalidad que está tan llena de incertidumbre, y nos obliga a una entrenar la flexibilidad continuamente.
    Solo, si me permites un apunte; “preveer” nos ha provisto de una “e” de más.
    Gracias!

  2. Hola Pepa! te descubri buscando informacion para mi tesis de profesorado de artes visuales. Y asi escontre una conferencia tuya sobre los vinculos afectivos y el desarrollo emocional para ser resilientes. el tema del cual quiero hablar es justamente algo de eso. la importancia de la presencia de los vinculos afectivos para el desarrollo de la resiliencia, ya que sin el apoyo y el sosten de otra persona que nos contenga, nos aliente y nos brinde las palabras y el afecto necesario, seria muy dificil salir fortalecidos de situaciones adversas. y tambien me gustaria incluir al arte como forma de expresion visceral que fortalece las guias de la resiliencia. Que consultarte si tenes mas informacion y donde puedo buscar. Desde ya muchas gracias por esa vision que tenes y la compartis. Una crianza con amor es lo que necesita el mundo para no seguir contanminandolo de violencia. ojala algun dia cada niño de este mundo crezca rodeado de amor para luego no llegar a ser un adulto sin corazon…
    Respecto a esta situacion de pandemia, pienso en la gente que esta sola, sin poder ver a su familia que quizas esta lejos, que necesario es el amor y el afecto en la vida de toda persona… y una frase que dijiste en la conferencia y me quedo grabada, “no aprendo a amar amando, sin sintiendome amado”. sos una gran mujer!

  3. Maravilla! Haces una gran labor Pepa! Con cada cosa que escribes consigues remover y recolocar emociones. Desde que descubrí tu blog me gusta leerte y espero con muchas ganas encontrar las nuevas entradas. Para mí leer el blog supone unos minutos de calma y de conexión conmigo misma; me resulta muy reconfortante.Gracias por abrir esta ventana!
    El usar lápiz para escribir conecta con mi infancia temprana y me trae recuerdos de libertad, de aceptarme imperfecta y de poder reparar; siempre nos dio muchas más posibilidades que el bolígrafo. :)

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